20 de diciembre de 2009

EL TEMA DE LA INVASIÓN EN LA LITERATURA PANAMEÑA

Por Carlos Fong

La bibliografía existente sobre el tema de la Invasión a Panamá por parte del ejercito norteamericano el 19 de diciembre de 1989, mal llamada operación "Causa Justa", es extensa y valiosa. Desde la literatura de creación hay poemarios, novelas, cuentos y obras de teatro. Autores como Enrique Chuez, Moravia Ochoa, Bertalicia Peralta, Mario Augusto Rodríguez, Indira Moreno, Moisés Pascual, Pedro Luis Prados, Héctor Collado, Dayra Miranda, David Robinson, José Carr, Juan Gómez, Raúl Leis, Dimas Lidio Pitty, Martín Testa Garibaldo, Ramón Oviero, Roberto Luzcando, Pedro Rivera, Víctor Manuel Rodríguez, Rey Barría, Félix Armando Quirós, Carlos Jiménez Varela, José Franco, por mencionar sólo algunos, han escrito cuentos, teatro, poemas y novelas sobre la Invasión.

Hay dos pequeñas antologías literarias, pero esenciales: La voz aún no quemada (1990) y El humo y la ceniza (1993). La primera sólo es de poesía; la segunda, contiene testimonios, ensayos, cuentos y poemas. Ambas ediciones fueron casi clandestinas, sin ISBN y sin estudio o prólogo. Aún así deberían reeditarse ahora con más textos. También sobre la Invasión existe documentación audiovisual como el trabajo de Barbara Trent y David Kasper, Panama Deceptionque mereció un Premio Óscar y el corto Visión médico forense de la invasión a Panamá producido por el Sistema Estatal de Radio y Televisión, con guión de Emma Gómez. Existen otros trabajos.

Desde la reflexión y los estudios, hay una amplia lista de trabajos que tocan el tema desde la historia, la sociología, la filosofía y el testimonio. Los trabajos más importantes son el de Olmedo Beluche, La verdad sobre la Invasión (1990); Ricaurte Soler, La invasión de Estados Unidos a Panamá (1991); José de Jesús (Chuchú) Martínez, La invasión de Panamá(1991),y el trabajo de Pedro Rivera con Fernando Martínez, El libro de la Invasión que recoge testimonios valiosos. Hay cientos de documentos, informes, artículos, ensayos sobre este tema escritos por nacionales y extranjeros. Revistas como Tareas, Lotería y la Revista de Sociología de Universidad de Panamá han dedicado números especiales al tema. Y todavía hay mucho que estudiar.

En este breve artículo sólo nos interesa hablar un poco, aunque sea superficialmente, de algunos autores que, desde la ficción o la escritura creativa, han aportado al tema con valiosos textos que deberían estar sumados y compilados en una gran antología literaria sobre la Invasión de manera que sirva para el uso de los docentes en el aula de clase: una forma de conocer la historia es a través de los cuentos, las novelas y la poesía.

Sobre la discusión de si se puede hablar de una Literatura de Postinvasión o una Generación Postinvasión, el filósofo Mario García Hudson en su libro Conversaciones sobre literatura panameña (2002) describe las siguientes caracterizaciones del discurso postinvasión:

1. Orientar el tema patriótico como acto de reafirmar la identidad amenazada.

2. Una estética poética con una alta carga de elementos políticos, lenguaje irónico y existencial de acuerdo a los referentes, y a la formación literaria de cada escritor.

3. La espiritualidad de la conciencia urbana en la construcción de un cosmos literario vislumbrando la tragedia en función a alegatos testimoniales.

Para nuestro concepto, las obras que hemos elegido como muestra logran reunir estos elementos y son indispensables para ayudar a entender la Invasión e indagar sobre cómo esta circunstancia histórica afectó la circunstancia existencial humana. Los cuentos son textos cortos y desde las acciones de sus personajes, nos obligan a tener una visión de cómo la humanidad y la dignidad fueron pisadas en nombre de una falsa liberación.

El cuento es un género que por su estructura y extensión permite tocar hechos concretos sin divagaciones y digresiones. Hay cinco libros clave: Juan Garzón se va a la guerra (1992), de Moravia Ochoa; Los ultrajados (1994), de Mario Augusto Rodríguez; Desde el otro lado del sueño (2002), de Pedro Luis Prados; Las huellas de mis pasos (1993), de Pedro Rivera; y, más reciente, Un milagro bastante raro (2008), de Víctor Manuel Rodríguez. Algunas de estas obras como la de Rivera, Prados y Rodríguez ganaron el Concurso Nacional de Literatura "Ricardo Miró" y abordan la condición humana desde los hechos de la Invasión al tiempo que presentan una visión urbana desde el barrio El Chorrillo y San Felipe; el barrio como espacio donde lo cotidiano se fricciona con los poderes. Estas obras son imprescindibles para entender nuestra identidad y el daño que sufrió con la Invasión.

Enrique Chuez escribe la primera novela sobre la Invasión: Operación Causa Justa (1991), cuyo escenario es el barrio del El Chorrillo; al igual que Pedro Rivera, Chuez hace que las acciones de sus personajes nos narren desde la cotidianidad de un barrio cómo la condición humana fue afectada. José Franco, con su novela Las luciérnagas de la muerte (1992), también nos brinda una visión de la invasión del Ejército norteamericano con una historia donde el amor es el centro de todo. Mario Augusto Rodríguez escribe la novela Negra pesadilla roja (1993) y logra que sus personajes nos cuenten la historia. Juan David Morgan también hace su aporte al tema con su novela Cicatrices inútiles (1994); con la pluma indagadora que lo caracteriza, Juan David Morgan explora los hechos que llevaron a los yanquis a invadir y se pregunta si valió la pena.

El primer poema escrito y publicado sobre la Invasión se le atribuye a Carlos Jiménez Varela, Patria fusilada. Y Moravia Ochoa escribe No perdono país, un hermoso texto que logra conmover desde sus primeros versos: "No perdono, país, al que te afrenta, / al que te enfrenta no le doy prestado / ni me regalo ni me paro al lado / porque para llegar a ti me he levantado /del horror de tu cuerpo difamado / de la fosa común donde has estado". Otro poeta que dedica sus poemas al tema es Martín Testa Garibaldo, es tal vez el poeta que más ha escrito sobre la Invasión. Su primer libro dedicado por completo a la Invasión fue Parte y novedades (1995) y luego publica Estaciones ocupadas (1998). En Parte y novedades nos dice el hablante lírico estos versos: "Madrugada de cenizas / percepción infernal... Cada estruendo / nos muda el mapa". Otros poetas que han dedicado poemas de gran valor al tema son Roberto Luzcando, Ramón Oviero (1938-2008), Gloria Young, Arístides Martínez Ortega, Arysteides Turpana, Xavier Collado, Consuelo Tomás, Bertalicia Peralta, Moisés Pascual, Indira Moreno, entre otros. En este breve artículo no hemos hablado del teatro y del ensayo; géneros que también tienen sus aportes.

Nosotros creemos que los escritores han hecho su aporte al tema de la Invasión. Han cumplido con su responsabilidad social y con su misión: contar su historia desde su perspectiva y su visión, independientemente de la ideología de cada uno. La literatura es una de las principales herramientas con las que cuenta un pueblo para conocer su historia, para recordarla y para reflexionar sobre los problemas y sus causas. La literatura es la memoria de un país. Si no ponemos en nuestros jóvenes estudiantes estos libros, estas formas de representaciones de la realidad, estamos ocultándoles su derecho a conocer la verdad y, sobre todo, a tener un juicio crítico sobre la historia.


Nota del autor: en la Biblioteca Nacional Ernesto J. Castillero Reyes (Parque Omar), en la Sala panameña, se exhibe una muestra de la literatura con tema de la Invasión. No dejes de visitarla.

23 de noviembre de 2009

CRÓNICA DEL XXIII ENCUENTRO DE CONTADORES DE HISTORIAS Y LEYENDAS EN BUGA

Por Germán Jaramillo Duque, Revista de las Artes Escénicas

Contadores de historias de once países de América Latina participaron en la vigésima tercera versión del Encuentro de Contadores de Historias y Leyendas en Buga, Colombia, entre el 3 y el 6 del pasado mes de noviembre.

Estuvieron presentes contadores de historias de Argentina, como José Ramón Farías, quien contó relatos de tradición oral, con la fluidez de quien se ha desempeñado como docente durante muchos años, y Gustavo Leguizamón, cuyos relatos musicalizados cuentan historias de la vida cotidiana de su provincia chaqueña argentina; de Uruguay, como Stella Marís Zaffaroni, una contadora de historias cuyo mérito radica en su gran capacidad para convertir rápidamente sus recuerdos en historias para trepar al escenario; de Brasil como Belissa do Pinho, a quien la naturaleza le enseñó a contar cuentos, porque no acude a talleres, y posee la magia para hacerse entender de los niños en su rudimentario portuñol; y Yosy Correia, Júlia Fiuza y Edmar Cândido, miembros de una compañía circense, para quienes las historias no pueden suceder sin música previa; de Ecuador, como Patricio Guzmán, Freddy Neira y Raymond Duque, tres teatreros que se arriesgaron a convertir a última hora su montaje en una historia acoplada a las exigencias del Encuentro; de Venezuela, como Morelia Muñoz, Reynaldo Chaviel, Adrián Chaviel e Yván Pineda, caribes entusiastas, para quienes cuento y música son una misma cosa; de Panamá, como Carlos Fong, un hombre con muchas historias que llegó a Buga convencido de que no tenía nada qué contar; de Costa Rica, como Ana Victoria Garro, Lilián Ocampo e Inés Morales, tres estilos que caminan desde lo agrario hacia lo urbano; de Guatemala, como el gran César Soto, el hombre que combina la magia con las historias, y cuyo verdadero mérito radica en que no hace del relato un ambiente caprichoso para hacer la magia, sino que crea la historia para después crear la magia; de México, como la teatrera Araceli Flores, quien parece haber hallado en la narración oral una pilatuna para hacerle al teatro; de Cuba, como José Luis Quintero, uno de aquellos bienaventurados que tiene permiso para salir de la isla, y quien para llenar los días vacíos de una gira que hacía por Colombia le prometió al Encuentro contar alguna historia popular de su Cuba ancestral y terminó en el escenario, leyendo un poema de Martí; y de Colombia, cuya mención, por elegancia, hemos dejado para el final, como María de los Ángeles Hidalgo Romero, quien se arriesgó a representar a su país en este encuentro adonde los cuenteros colombianos, como suelen autodenominarse ellos mismos, no desean venir, porque no les apetece una de las condiciones del Encuentro de Contadores de Historias y Leyendas de Buga cual es ponerle a la palabra un freno con el fin de que se estabilice en su valor social.

Este Encuentro, que es, como evento organizado de convocatoria a narradores orales, el más antiguo de Iberoamérica, es un espacio en donde se debate, sin pretensiones academicistas, sobre la narración oral y su papel en la recuperación de espacios significativos de identidad individual, colectiva y cultural.

Este evento es apoyado por el Ministerio de Cultura de Colombia a través de su muy original Programa Nacional de Concertación, por el Fondo Mixto para la promoción de la Cultura y las Artes del departamento del Valle del Cauca y la Alcaldía de Buga.

29 de octubre de 2009

EL INDECOROSO DE LA PROPUESTA

Por Francisco Moreno Mejías

El día 16 de octubre fue la entrega de los premios Ricardo Miró de 2009 y el siguiente día 19 el señor Miguel Ángel Chinchilla Amaya, uno de los jurados extranjeros, publicó desde su país lo siguiente: “a la hora del desayuno y antes de comenzar los debates para el fallo, a través de interpósita persona recibí una propuesta indecorosa de alguien que había enviado a concurso su libro de cuentos”.

Lo que una persona decente hubiera hecho al recibir una “propuesta indecorosa” donde tuvieron la amabilidad de invitarlo, es denunciar el caso a la autoridad que lo invitó o bien, si no quiere complicarse la vida, decirle al proponente: Voy a suponer que no he oído lo que usted me ha dicho si no insiste en ofenderme. El señor Chinchilla no hizo nada de eso. Después de retirarse a su casa, no conforme con divulgar la indecorosa propuesta que calló en Panamá, añadió en el mismo comunicado: “la vox populi en Panamá sostiene que dicha costumbre ha sido inveterada en la adjudicación de dicho galardón” y “en la apertura de las plecas (sic) algunos periodistas cuestionaron la transparencia de ediciones anteriores del premio de marras, ante lo cual las actuales autoridades adujeron que en el presente se trata de una nueva administración”.

Parece dispensar a la nueva administración (del INAC, se supone), por lo que hace sospechosos de “dicha costumbre” no sólo a particulares, sino también a las administraciones anteriores.

Cuando alguien dice que se cometió un delito, pero no lo denuncia a la autoridad competente, se hace cómplice del delincuente y se expone a una demanda de la parte ofendida.

Este señor tuvo además la ingratitud de criticar (después de recibirlo) el emolumento que le dio el INAC por confiar en su pericia para ser jurado de su principal premio literario. Se atrevió a decir que “un premio dotado con tanto dinero debería aumentar por lo menos a mil dólares el reconocimiento a los calificadores”.

El señor Miguel Ángel Chinchilla Amaya ofendiendo a Panamá se ofendió a sí mismo, haciendo evidente su falta de caballerosidad y de inteligencia.

19 de octubre de 2009

SOBRE PREMIOS LITERARIOS Y ALGUNAS DESHONESTIDADES

Por Miguel Ángel Chinchilla

Todavía con el paisaje urbano de Panamá en la retina y el rumor de aquella cálida ciudad caribeña, me dispongo a pergeñar esta reseña de mi última visita (la cuarta para ser exacto) al país de Ricardo Miró (¡Oh Patria tan pequeña, tendida sobre un istmo!).

Precisamente acabo de estar por allá invitado por el Instituto Nacional de Cultura (INAC), para participar como jurado en el Premio Nacional de Literatura "Ricardo Miró" 2009, en la rama de cuento. Desde mediados de julio recibí por correo 24 libros los cuales inmediatamente comencé a devorar con diente de forense, para escoger posteriormente un solo ganador en acuerdo con otros dos jurados de quienes no tenía la más mínima idea sobre su identidad.

Lo mismo sucedía con los otros géneros literarios: poesía, novela, teatro y ensayo; y tal era el hermetismo que se manejaba con los nombres de los jurados, que no fue sino hasta llegar a Panamá, cuando me enteré que uno de los calificadores de poesía era también el joven poeta salvadoreño, Jorge Galán. Debo decir aquí que el INAC acostumbra invitar a dos jurados internacionales y uno local por cada género, en esta justa de las letras panameñas con una tradición que viene desde 1942.

Otras sorpresas que también me llevé fue encontrar en el aeropuerto Tocumen al laureado escritor guatemalteco Mario Roberto Morales, quien llegaba como jurado de novela, y enterarme además minutos más tarde que otro de los jurados en teatro era el broder Norman Douglas, en su calidad de ciudadano panameño (31 años de residir en aquel país canalero), aunque Norman sigue siendo más salvatrucho que las pupusas tanto que últimamente ha sido propuesto para fungir como cónsul de El Salvador en Panamá.

De las cosas que uno más disfruta en estos encuentros de calificadores, menciono la camaradería y sentido lúdico que se genera en el grupo, es decir reírse mucho, compartir chistes y anécdotas de todos colores y sabores, no tomarse muy en serio la cosa literaria y gozarla al máximo dentro del concepto de "precious & few", porque como bien decía Oscar Wilde "la vida es demasiado importante para tomársela en serio". En esta ocasión, de los personajes que más disfruté por su llaneza y forma de ser, fueron: el peruano Winston Orrillo, jurado de poesía, el mexicano Oscar de la Borbolla, jurado de ensayo, y Mario Roberto Morales de quien ya dije llegó como jurado en el género novela.

De tal suerte, el lunes 12 de octubre en horas del mediodía los cinco equipos calificadores ya teníamos los fallos respectivos, cuyos resultados fueron conocidos más tarde de ese mismo día en conferencia de prensa, cuando un notario abrió las plicas de los concursantes triunfadores.

En los días posteriores de esa misma semana conocida como "Semana Miró", los miembros del jurado en los cinco géneros participamos además en recitales y conferencias que se realizaron en la Universidad de Panamá, la Biblioteca Nacional y la Academia Panameña de la Lengua, respectivamente.

Este premio Miró es muy codiciado por los escritores panameños, no tanto por el prestigio que sin duda es innegable, sino sobre todo por la dotación (15 mil dólares), monto que ni siquiera ofrecen premios internacionales como "Casa de las Américas" o el famoso "Juan Rulfo", para mencionar dos de los principales. Al respecto, en la apertura de las plecas algunos periodistas cuestionaron la transparencia de ediciones anteriores del premio de marras, ante lo cual las actuales autoridades adujeron que en el presente se trata de una nueva administración.

A mí en lo personal no me cabe la menor duda de que por quince mil dólares un escritor o escritora pueda ser presa de la deshonestidad, y esto lo digo y lo sostengo con toda la propiedad del mundo, ya que la primera mañana de estadía en Panamá, a la hora del desayuno y antes de comenzar los debates para el fallo, a través de interpósita persona recibí una propuesta indecorosa de alguien que había enviado a concurso su libro de cuentos, algo que me pareció ofensivo y grotesco, lo cual quiero dejar aquí consignado ya que la vox populi en Panamá sostiene que dicha costumbre ha sido inveterada en la adjudicación de dicho galardón, y como repito con toda propiedad lo creo y lo confirmo sobre todo al leer algunas obras premiadas en años anteriores, libros que a mi juicio dejan mucho que desear.

Por supuesto que hoy día, luego de que el presidente Obama ha recibido el premio Nobel de la Paz, a nadie sorprende ni asusta que otros galardones de cualesquiera materias en el mundo, sean conferidos sin mayor merecimiento y con la más escandalosa impunidad.

Por un galardón de 15 mil dólares más medalla de oro y la publicación de la obra, un jurado calificador debe buscar la excelencia y por ello me pareció acertado que este año el jurado de teatro declarara desierto el respectivo premio, aduciendo precisamente falta de calidad en las dieciséis obras presentadas, y proponiendo que el monto del premio sea destinado a realizar talleres de dramaturgia que abonen en la formación de este género que parece fácil pero no lo es, porque no se trata simplemente de crear personajes truculentos con sus diálogos y didascalos, sino de convertir la imaginación escénica en propuestas verosímiles bien estructuradas. Al respecto fui testigo presencial de cómo la Directora General del INAC, María Eugenia Herrera de Victoria, se comprometió con Norman Douglas para cumplir con dicha recomendación de los jurados.

Por otro lado comentábamos los jurados del presente año, que un premio dotado con tanto dinero debería aumentar por lo menos a mil dólares el reconocimiento a los calificadores, ya que como decía líneas arriba, calificar tantos libros para un premio de esta categoría implica una verdadera responsabilidad con el oficio, ya que no se trata de un galardón para aficionados sino para profesionales de larga trayectoria. Sería conveniente que las autoridades del INAC redimensionaran y reevaluaran las políticas y bases del concurso, por supuesto para único beneficio de las letras panameñas.

Concluyo esta reseña publicando la lista de los triunfadores y los jurados del Premio Nacional de Literatura Ricardo Miró 2009, todo un acontecimiento en la vida cultural de Panamá.

POESÍA: triunfó el poeta Salvador Medina Barahona, con su poemario "Pasaba yo por los días"; los jurados en este género fueron el peruano Winston Orrillo, el salvadoreño Jorge Galán y el panameño Arístides Turpana.

NOVELA: triunfó la escritora Consuelo Tomás, con su libro "Lágrima de dragón"; los jurados fueron la venezolana Michaelle Ascencio, el guatemalteco Mario Roberto Morales y la panameña Anaís Ileana Morán.

TEATRO: fue declarado desierto; los jurados fueron el costarricense Juan Carlos Calderón, el cubano Omar Valiño Cedre y el salvadoreño-panameño Norman Douglas.

ENSAYO: triunfó el escritor Porfirio Salazar, con su trabajo "La piel en la llama: identidad y literatura en perspectiva histórica"; los jurados fueron el costarricense Carlos Francisco Monge, el mejicano Oscar de la Borbolla y el panameño Miguel Ángel Candanedo.

CUENTO: triunfó el poeta Dimas Lidio Pitty, con su libro "La puerta falsa"; los jurados fueron el salvadoreño Miguel Ángel Chinchilla, el español Luis del Val Velilla y la panameña Livia Ester R. de González.

Agradezco especialmente a la licenciada Aleida De Gracia y su equipo de colaboradores, las atenciones que nos dispensaron durante nuestra breve estadía en aquella moderna ciudad de grandes rascacielos deshabitados, tema sobre el cual podríamos hablar en otro artículo ¡Abur!

17 de septiembre de 2009

DE LOS ESCRITORES DE PUERTO RICO AL GOBERNADOR Y AL PAIS

El Departamento de Educación de Puerto Rico emitió un memorando en el que advierte que, por contener lenguaje “extremadamente burdo y soez”, queda “terminantemente prohibido” el uso de los textos “Antología personal”, de González; “El entierro de Cortijo”, de Edgardo Rodríguez Juliá; “Mejor te lo cuento: Antología Personal”, de Juan Antonio Ramos; la colección de cuentos “Reunión de espejos”, editada por José Luis Vega, y “Aura”, de Fuentes. Los libros son del currículo del undécimo grado. Las protestas no se han hecho esperar de parte de la Asociación de Periodistas de Puerto Rico (Asppro), el Pen de Puerto Rico, la Asociación de Maestros, el Frente Amplio en Defensa de la Cultura y un grupo de escritores, que incluye a Ramos y Rodríguez Juliá, que emitieron el siguiente comunicado:


Nosotros, escritores puertorriqueños, rechazamos la política de censura del Departamento de Educación de Puerto Rico que, bajo ridículas acusaciones impropias de una sociedad democrática, elimina del currículo de las escuelas públicas prestigiosas obras de autores del país y del extranjero perfectamente adecuadas para la enseñanza a nivel superior.

Una decisión de esa naturaleza, que condena por alegado «lenguaje burdo y soez» obras tan meritorias como «El entierro de Cortijo», de Edgardo Rodríguez Juliá; «Aura», de Carlos Fuentes; la antología «Reunión de Espejos», donde están representados importantes narradores del patio, así como «Mejor te lo cuento» de Juan Antonio Ramos y “Antología personal” de José Luis González, es una afrenta a la cultura y una movida propia de sociedades represivas, con gobiernos dictatoriales e ignorantes.

Motivada por un puritanismo trasnochado, que demoniza las referencias “sexuales” y los vocablos del habla cotidiana usados con fines estrictamente literarios, la determinación del DE margina y penaliza a voces críticas y comprometidas que abogan por la justicia y la libertad.

Exigimos al gobernador Luis Fortuño que le explique al pueblo si la política educativa del País va a seguir respondiendo a criterios oscurantistas que, en épocas no tan lejanas, justificaban la persecución del pensamiento disidente. La excusa de que no son libros apropiados para grados superiores pero sí para universidad no se sostiene. Los jóvenes necesitan estar expuestos al estímulo intelectual y la riqueza imaginativa que les provee la buena literatura.

Que los escritores tengan que salir en defensa de su propio trabajo es una vergüenza para cualquier país que se respete. La quema de libros simbólica avalada por el gobierno pretende convertir en cenizas no sólo las obras prohibidas sino también la cultura puertorriqueña que ha difundido, con tanto brío, nuestra literatura.

Firmamos:
Luis Rafael Sánchez
Ana Lydia Vega
Edgardo Rodríguez Juliá
Mayra Montero
Magali García Ramis
Juan Antonio Ramos
Mairym Cruz-Bernal
Mercedes López Baralt
Elsa Tió
Ana María Fuster
Ivonne Belén
Roberto Ramos Perea
María Ostolaza
José Manuel Solá
Rafael Franco Steeves
Lilliana Ramos Collado
Vanessa Droz
Lourdes Vázquez
Marcos Reyes Dávila
Tina Casanova
Efraín Barradas
Sofía Irene Cardona
José Delgado Costa
Yiara Sofía Blanco
Johanny Vázquez Paz
Alberto Martínez-Márquez
Beatriz Santiago Ibarra
Vanessa Vilches Norat
Mari Mari Narváez
Zuleika Pagán López
Jorge Ariel Valentine
Abdiel Echevarría
José E. Santos
Eric Landrón
Moisés Agosto Rosario
Adal Maldonado
Pedro López Adorno
Xavier Valcárcel de Jesús
Juan López Bauzá
Marcelino Canino
María Ostolaza
Rey Andújar
Marithelma Costa
Sergio A. Rodriguez Sosa
Josué Santiago de la Cruz
Pedro Cabiya
Mario R. Cancel
Edgardo López Ferrer
Leticia Ruiz Rosado
Marta Aponte Alsina
Marioantonio Rosa
Eugenio Garcia Cuevas
David Ortiz Anglero
Alex Samuel Velez
Magaly Quiñones
Maria Juliana Villafañe
Robert Villanúa
Yolanda Arroyo
Hugo Rios-Cordero
Manuel Carrion
Mayra Santos-Febres
Carlos Roberto Gomez Beras
Yván Silén
Yvonne Denis
Etnairis Rivera
Emilio del Carril
Daniel Torres
Danny Rivera
Edgardo Nieves Mieles
Herminia M. Alemany Valdez
Mirna Estrella Pérez
Maribel Sánchez-Pagán
Mayda Colon
Hiram Sánchez Martínez
Ileana Cidoncha
Silverio Pérez
Arturo Echavarría
Néstor Barreto
Luz Nereida Pérez
Aurea María Sotomayor
Jonathan J. Berríos
Carmen Zeta
Carlos Vázquez Cruz
Nelly Jo Carmona
Iris Miranda
Juan Flores
Caridad Sorondo
Angel L. Matos González
Ángel Darío Carrero
Maria D Laracuente
Dra. Ana C. Rodriguez Colon
Kino García
Osvaldo Torre Santiago
Mría Teresa Guzmán de Celis
Juanmanuel Gonzalez Rios
Alfredo Villanueva Collado
Daniel Martes Pedraza
Nydia E. Chéverez Rodríguez
Américo Boschetti
Angel Antonio Ruiz-Laboy