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13.2.14

LA GLOBALIZACIÓN DE LA EDUCACIÓN Y EL FIN DE LA HISTORIA (A PROPÓSITO DE LA CÁTEDRA DE RELACIONES DE PANAMÁ CON LOS ESTADOS UNIDOS)

Por Giovanna Benedetti

¿Se acuerdan ustedes de Francis Fukuyama... aquel profesor de Stanford, favorito de los neoconservadores, miembro del PNAC y asistente de Paul Wolfowitz, que en 1989 (justo después de la caída del muro de Berlín y poco antes de la invasión a Panamá), se ganó sus quince minutos de fama cuando proclamó con gran fanfarria su tesis del "fin de la Historia"? Fukuyama alardeaba del irresistible ascenso del "Estado homogéneo universal", y hasta llegó a decir en 1992, en una versión aumentada e incorregible del mismo discurso, que "lamentándolo mucho" creía que en ese nuevo territorio global de "fronteras líquidas" y mercados neoliberales, la gente (esa que antaño "se divertía" política y culturalmente), se iban a "aburrir" de plano; y es que una vez que todo el planeta acabara por parecerse a Occidente, ninguna memoria colectiva tendría relevancia ni función.

Piazza Maggiore, Bolonia, Italia (1)
Toda esa histeria del "fin de la historia" se fue desvaneciendo de los titulares, pero cualquiera es consciente de que nunca desapareció. A la vuelta del siglo y en el último decenio, el fukuyamismo ha regresado a las carteleras con un nuevo espectáculo y vestido de "Terminator"; y, como en la película, listo para cumplir con su misión de imponer su versión del futuro, cambiando el pasado. Lo interesante es que esta vez el "evento" no se hace depender de ninguna contingencia histórica como en 1989, sino que se impone como consecuencia de un macro proceso de destrucción cultural. Este proceso, concebido e incubado en las más altas esferas mercantes y mediante intervención financiera supranacional, fue dado a luz en los claustros de algunas de las universidades más antiguas de Europa: Sorbona, Bolonia, Salamanca... y el mismo tiene por epicentro la instalación de un nuevo ordenamiento educativo, tan radical en su estructura y deontología, que de hecho significa un cambio de paradigma en los sistemas de enseñanza-aprendizaje de todos los países del planeta.

En Panamá concretamente, la Ley 48 de 2012 —esa que se acaba con la vigencia curricular de una asignatura clave para el entendimiento y salvaguarda de la memoria histórica y la identidad cultural de la nación—, es la que sirve de heraldo a este nuevo ordenamiento educacional. Basta con leer su propia exposición de motivos, donde explica que la cátedra eliminada pasará a refundirse en una asignatura llamada "Historia de Panamá para un Mundo Global", que a su vez se desarrollará (dice el mismo texto), de acuerdo a un "nuevo enfoque globalizado" de la educación, para comprender que detrás de la eliminación de la asignatura Relaciones de Panamá con los Estados Unidos hay mucha —pero mucha— más tela que cortar que lo que se ve a primera vista.

La intención de este escrito será rasgar el velo de este gran telón de fondo; pero antes, me voy a permitir un pequeño paréntesis para un asunto puntual, ya que encuentro difícil seguir adelante sin compartir con ustedes una sospecha que me inquieta, y que lanzo al ruedo como trompo para ver quién la agarra.

El asunto es el siguiente: ¿Qué relación existe entre el Tratado de Promoción Comercial (TPC) firmado y aprobado por Panamá y los Estados Unidos, por un lado, y por el otro: la Ley 48 y el Decreto Ejecutivo 920, ambos de 2012? ¿Pudiera ser que estos dos trastos legislativos panameños y el TPC no hubieran nacido por separado, sino de la mano, como esos típicos chances de lotería "casados"? Es decir: ¿qué tal si esas normas (y otras más que se ya se alumbran) no fueran sino una imposición de los EEUU para la ratificación del convenio de marras?

Todo empieza por la extraordinaria coincidencia de las fechas. 1) El proyecto de Ley 407 (que luego se convirtió en la ley 48) se presentó a la asamblea el 29 de agosto de 2011, y justo dos meses más tarde, el 22 de octubre de 2011, se logró la ratificación por el congreso estadounidense del Tratado de Promoción Comercial. 2) La norma que destruye la cátedra de Relaciones de Panamá con los Estados Unidos de Norteamérica se convirtió en Ley de la República a fecha 17 de agosto de 2012, por su publicación en la gaceta oficial 2701. El TPC entró en vigencia el 31 de octubre de 2012. En fin, allí lo dejo.

El presidente de la república, a su manera, parece sugerir más de lo que cuenta con eso de que "Esa asignatura lo único que hacía era crear tensiones"; que fue lo dijo (a pie de tumba), el mismo día del cincuentenario de la gesta del nueve de enero. Lo que el presidente de la república no ha dicho (si es que lo sabe) es por qué razón este desbaratamiento del sector educativo panameño sigue la misma hoja de ruta de otros países lejanos y cercanos.

Y es que el caso de la eliminación de la cátedra de Relaciones de Panamá con los Estados Unidos no es un suceso ni particular ni aislado. En México, por ejemplo, la Reforma Integral de Educación Media Superior (RIEMS) decretó en 2008 la eliminación de las materias de Humanidades y Filosofía del plan de estudios. Y en España viene ocurriendo otro tanto con la desaparición de la asignatura Formación para la ciudadanía y derechos humanos. Es decir: estamos frente a una trama. Una trama que lleva por oficio global "adecuar la enseñanza a las necesidades del mercado laboral (a fin de que estos puedan) reflejarse convenientemente en los currícula" (Mensaje de Salamanca, 2000). Trama perfectamente diseñada, de alcance mundial y sin fronteras, que se marca como una de las acciones prioritarias "seguir definiendo y promocionando en el currículum las destrezas de capacidad de obtención de empleo en sentido amplio" (Declaración de Graz, 2003).

La destrucción macro-cultural y el rebajamiento del pensamiento crítico se viene produciendo simultáneamente en Estados nacionales pertenecientes a los cinco continentes. Aquí y allá las nuevas directrices apuestan por una ciudadanía desarraigada de su historia y enajenada de su identidad. Quieren estudiantes ubicuos y flotantes, ajenos a las valoraciones del pensamiento crítico para poder implantar su esquema. Como explica Chomsky (2009), "les asusta —y con razón— el papel que en otras épocas han desempeñado los universitarios, los estudiantes comprometidos y los intelectuales", de ahí que quieran acabar —en plan global— con la universidad y escolaridad superior independiente, a través de los supuestos beneficios concertados de una sintonía ("Tuning") de sus sistemas educativos; porque no les gusta "que demasiada gente tenga acceso a una educación autónoma" (N. Chomsky: Latin America Declares Independence, 2009), ni que en su seno se cultive ese estudiante portador de valores, ese estudiante humanista y culto, educado en la conciencia colectiva de un patrimonio nacional, ese estudiante que afianza su identidad y defiende su memoria histórica, al que se han propuesto reemplazar por el estudiante pragmático, de fronteras líquidas, aprendizaje utilitario y desarraigo cultural.

Nada hay más efectivo para modificar conciencias que la avalancha terminológica y la novedad de un nuevo léxico. Así pues, la primera "reforma" se puede ver en lo lingüístico donde se empieza a hablar ya de "clientela estudiantil", de "producto educativo" de "empresa escolar", de "control de calidad colegial", de "inversión de aprendizaje" y del "enfoque por competencias" (que en Panamá ya apareció en lo jurídico por el Decreto Ejecutivo 920 de 31 de octubre de 2012, sin que se explique de qué va o viene). La consigna es hablar más de "entrenadores" y menos de "educadores". Como en los Estados Unidos, donde ya no sorprende que se haya pasado de decir "learning" a decir "training" ni que se anuncie la imposición del "training" sobre el "learning".

Estudiantes del Instituto Nacional de Panamá (2)
El término estrella es el de "economía del conocimiento", impuesto ya en Europa como canon de la universidad-inversionista y la escuela-competitiva. Este combinado, que es por muchas razones una figuración alejada de la ética del saber, transforma a los estudiantes en clientes y a las políticas educativas en gestiones comerciales. Semejante deontología que prioriza los valores utilitarios y que fragmenta la formación profesional de los estudiantes, tiene que impactar negativamente en el quehacer e identidad de profesores y estudiantes. Pero eso no parece importar a estos terminators anti-históricos. Su objetivo es poner a la educación de cada Estado soberano al servicio de las empresas, subordinando la financiación pública a la previa obtención de "fuentes de financiación externa", es decir, privadas.

Este modelo educativo golpea en primer término los sitios más fusionados de la ciudanía a nivel de nación (ya lo estamos viendo en Panamá): la memoria histórica, la identidad colectiva, la dignidad social, el decoro cívico, el sentimiento patrio, la conciencia pública nativa y local. Y es que su primera ofensiva consiste en destruir (o ablandar) las estructuras culturales que suelen servir de baluarte frente a las amenazas. Al desfigurar la memoria común o al impedir la construcción de una identidad histórica, se propicia el desamparo de los bienes culturales y se consigue poner en el mercado el inventario patrimonial de toda la riqueza propia de una nación, que es sin duda otro de los fines perseguidos por la trama.

El efecto Tuning

Que la educación y la cultura se piensan hoy desde las ideas de la economía de mercado es cada vez más perceptible. Lo que quizás se nota menos es el proceso de reestructuración que esta gobernando el sistema o el proyecto bajo cuya impronta se está empujando esta tamaña operación global. El proyecto se llama Tuning, en América Latina y el Caribe se conoce como Alfa Tuning, y a la fecha se encuentra establecido en la República de Panamá, y en la mayoría de los países del mundo "Occidental".

La idea detrás del nombre es clarísima: La palabra "TUNING", que es inglesa, significa "afinación", "sintonización", "acuerdo de tono" "puesta a punto" o "sintonía". En inglés, su uso cotidiano es amplio pero no demasiado polisémico, por lo que la connotación primaria no tiene perdedero: se trata de sintonizarse en un único tono, de hacer sonar al conjunto de la educación global en una misma armonía y bajo una clave idéntica.

El proyecto ALFA-Tuning-América Latina brota de la experiencia del Tuning Educational Structures in Europe11, nacido a su vez como programa modular del proceso de Bolonia de 2001. El proyecto latinoamericano emerge durante la IV Reunión de Seguimiento del Espacio Común de Enseñanza Superior de la Unión Europea, América Latina y el Caribe (UEALC) en la ciudad de Córdoba (España) en Octubre de 2002 en el que participan 186 universidades latinoamericanas que regresaron a sus respectivos países con la comisión de establecer centros nacionales de AlfaTuning. Desde esta dirección digital se puede entrar a cada uno de los portales de los CNT (Centro Nacional Tuning) de América Latina y consultar referencias documentales:

[[PROYECTO ALFA TUNING LATINOAMÉRICA]].

De manera paralela al Tuning, y como derivado de otro proyecto europeo llamado Reflex (The Flexible Professional in the Knowledge Society), se viene desarrollando ahora su versión latinoamericana, bajo el nombre de proyecto Proflex (El Profesional Flexible en la Sociedad del Conocimiento) Todas estas propuestas y programas transnacionales generan profundas contradicciones en la región, las cuales están íntimamente ligadas a la discontinua inserción en el proceso de la economía mundial. Al igual que el Tuning, su objetivo es instalar nuevas reglas económicas respecto de la gestión del conocimiento. Pensar el aprendizaje como "producto de inversión", donde la referencia más importante es la necesidad constante de "rentabilización" del conocimiento, la captación de "estudiantes-clientes" y la alianza estratégica entre centros de estudios y empresa.

Aquí en España, lugar de mi residencia, el proyecto Tuning (que a ratos llaman "Bolonia", por ser ésta la madre del cordero) no ha escatimado esfuerzos en su "sintonizaciones" educativas: ha eliminado becas, ha prescindido de materias y ha echado a la calle a cientos de miles de educadores. La nueva Ley LOMCE pone la educación bajo las pautas del mercado, y presume de una transformación que no sólo asemeje a las escuelas a las formas de organización empresarial, sino que además fortalezca su alianza con ésta.

Y es que en este modelo de sintonización global, la función social asignada a la educación se calcula según su apoyo al crecimiento económico. Así, a medida que la contribución cultural se diluye, se promueve "el apoyo a la competitividad educacional y su adecuación a las industrias". (José Joaquín Brunner: Mercados Universitarios, 2008) La idea es que sean las funciones económicas las que primen sobre cualquier objetivo de educar a una ciudadanía. Se trata, pues, de una plataforma que prioriza el emprendimiento y la competitividad como valores cardinales del sistema educativo, y que apuesta por educar a todo el estudiantado en un sistema orientado a suplir las demandas del mercado de trabajo en un horizonte de competitividad global que fomenta el "individualismo posesivo", patrocina la democracia limitada y empuja el paso del capitalismo nacional al transnacional.

En el corazón del proyecto Tuning está el llamado "enfoque por competencias", que de lo que trata es de estandarizar el aprendizaje a partir de una serie de competitividades rentables en el mercado. Dentro de este recetario, los aprendizajes se seleccionan y adiestran no en función de aptitudes que favorezcan el desarrollo de capacidades críticas, creativas y transformadoras, sino por su contribución a la productividad económica. Todo se circunscribe a "sintonizar" (tune in) el esquema de los aprendizajes a los requisitos e intereses del mundo empresarial. El objetivo es ir encajando, sintonizando (tuning) el sistema educativo de cada país dentro de la hoja de ruta global de la economía neoliberal transnacional y financista. Esta noción de competencias o destrezas útiles, que afectará, una vez instalada, a todos los circuitos de la enseñanza y el aprendizaje, representa una gravísima amenaza para la libertad cultural de cualquier región o espacio educativo, ya que como está ocurriendo justo ahora en Panamá (véase el Decreto Ejecutivo 21 de 31 de enero de 2014) va encaminada a suprimir o diluir aquellas asignaturas y grados que no conducen inmediatamente al mercado. Las disciplinas y graduaciones amenazadas son entonces las humanistas: Filosofía, Letras, Sociales, Historia, Cívica, Estudios Culturales, etc.

La economía de la educación no considera al conocimiento como valor de uso sino como puro valor de cambio. Es decir, no cree que los conocimientos deban de ser medios creativos con los cuales se pueden generar bienes, organizar servicios y concebir obras de todo tipo, sino que los supone mercancías en sí mismos. Es parte del ADN del neoliberalismo financiero que necesita tasar y facturarlo todo como un objeto rentable y que no en el cultivo y formación del conocimiento humano sino un bono comprable y transable que se puede invertir en bolsas de valores, vender y comprar en el mercado como cualquier producto de la cesta de la compra.

Es importante alertar sobre un hecho que aparece a ratos solapado: y es que al espacio de esta "educación globalizada" los países y las regiones afluyen desde diferentes trampolines: Plan Bolonia, Proyecto Tuning, Reflex, Keflex, acuerdos regionales, compromisos "casados" con tratados de libre comercio, obligaciones de Estado sujetas a compromiso, etc. El asunto es que una vez que han entrado la trama, y ligados como están por deberes de contrato, no les queda más remedio que acatar las instrucciones. La globalización a fin de cuentas es una trampa sin huellas: primero comprometen a los gobiernos con normativas internacionales de forzoso cumplimiento, luego les recortan la libertad de maniobra en sus políticas internas, y si se salen del tracto, les cargan con sanciones.

Ahora bien, la gran trama controla los gobiernos pero no es inmune al pueblo. La gente, la comunidad, las sociedades cívicas continúan siendo su talón de Aquiles. Lo sucedido en México en 2008, después de la eliminación de las materias de Humanidades y Filosofía del plan de estudios (como parte del Proyecto Tuning), es alentador y sirve como precedente. La lucha y las demandas sostenidas por la comunidad educativa mexicana consiguieron eco a nivel mundial en países como España, Francia, Uruguay, Costa Rica, Cuba, Chile, Colombia y Estados Unidos. En 2013, se logró la incorporación "fáctica" de cuatro materias filosóficas en los subsistemas de bachillerato tecnológico y se aprobó en el Senado una iniciativa que propone al Gobierno Federal la introducción de "La enseñanza de la Filosofía en la Educación Básica". (Ver: Observatorio Filosófico de Morelos)

La cátedra destruída: una reflexión final

En la transmisión de la memoria de todo pueblo, hay una serie de lugares de iniciación privilegiados que se vuelven relevantes como espacios de aquilatamiento de la conciencia colectiva. La cátedra de Relaciones de Panamá con los Estados Unidos era uno de esos espacios; un entorno privilegiado que servía de marco para la cimentación de una identidad histórica incluyente. Su objetivo era el de propiciar en los estudiantes una conexión con su propio pasado, favoreciendo la captura en el tiempo de la identidad nacional panameña mediante la creación de un nexo con el presente y el futuro. No se creó para generar antipatías, ni estuvo en el oficio de provocar hostilidades, como cree el presidente Ricardo Martinelli.

Con la cátedra de Relaciones se buscó desde el principio llevar la idea de la reivindicación soberanista a un espacio público que le diera visibilidad y educara a las nuevas generaciones. Su propósito era el de examinar y registrar las memorias colectivas, las presencias disidentes, las relaciones en conflicto y las voces silenciadas.

Decir que se derogó la Ley 31 del 29 de enero de 1963, creadora de dicha asignatura porque "las condiciones que propiciaron su origen han sido superadas", es admitir que no se entiende un hecho incontestable: que la Patria no es "una condición" ni siquiera un acontecimiento, y que por lo tanto no puede ni debe ser "superada".

Y es que no estamos hablando de la Historia de Panamá en general, ni tampoco de una selección de su conjunto, sino de un imaginario específico y rotundo: la gesta soberanista como simbolización concreta, concebida como una multiplicidad de manifestaciones y facetas en la que entra no sólo lo historiográfico, sino también lo popular, lo filosófico, lo social, lo creativo, lo artístico, lo folclórico, lo político, lo sentimental... La gesta soberanista es esa parte del conocimiento patrio que se ocupa de la razón fundacional de la nación panameña, y ello debe producirnos orgullo; no vergüenza, ni rechazo, ni mucho menos pudor frente a la mirada ajena.

Eusebio A. Morales —esa "conciencia crítica de la República" como le definió Diógenes de la Rosa— estaba convencido de que la existencia de Panamá como nación dependería siempre de la conciencia del propio ser sobre la base de una exacta mesura de lo panameño. "Nuestro país —decía— necesita ante todo y sobre todo el cultivo del sentimiento de la nacionalidad; [pues] por encima de los ideales partidistas, por encima de los enconos y de las luchas individualistas, [debe] imperar la inalterable voluntad colectiva de vernos a nosotros mismos como integrantes de una "entidad moral segura frente al futuro".

En las memorias en conflicto siempre hay dos (o más) partes que sitúan sus diferencias en una misma región o territorio. Ese es el caso de los países que abocan a rescatar sus memorias históricas provenientes de una guerra civil, de diferencias políticas o de enfrentamientos internos. La belleza del caso panameño es que se trata de una memoria colectiva prácticamente homogénea, que se ha integrado de mar a mar sin divisiones ni fracturas, y que sigue allí en el istmo como una roca eterna. Esa roca es la que nos identifica y si no nos gusta que se la remueva, ha de ser porque en nuestra historia como en toda historia— siempre hay rocas inamovibles.

(1) F. Gasparetti, Wikipedia;
(2) Wikipedia

3.11.12

POR LA MEMORIA HISTÓRICA Y LA IDENTIDAD PANAMEÑA


COMUNICADO A LA NACIÓN
POR LA MEMORIA HISTÓRICA Y LA IDENTIDAD NACIONAL DE PANAMÁ

MOVIMIENTO CIUDADANO POR EL FORTALECIMIENTO DE LA IDENTIDAD PANAMEÑA

NOSOTROS, ciudadanos y ciudadanas de Panamá, unidos por nuestro compromiso por la cultura, la memoria histórica y la identidad panameña

PROCLAMAMOS:

  • Panamá experimenta una fase de crecimiento económico única en nuestra historia, presentando oportunidades de desarrollo humano que hasta ahora no se habían alcanzado.
  • Nuestro país atraviesa por un proceso de transformaciones extremadamente complejo, generado en buena medida por la incorporación del Canal a nuestra economía interna, y que conduce a nuevos negocios y operaciones vinculadas a las comunicaciones interoceánicas, que nos vinculan más estrechamente que antes con el mercado mundial. Estas transformaciones pueden producir un país mucho más próspero y equitativo, si corregimos a tiempo el rumbo de nuestras políticas económicas y sociales hacia objetivos de inclusión social y sostenibilidad.
  • Se ha reducido nuestra educación a una pura dimensión instructiva, para formar empleados más dóciles y eso no nos hará más competitivos.
  • En este contexto, no vemos una orientación nacional hacia el futuro que se conecte con nuestra historia y con nuestras aspiraciones como pueblo, con visión sobre quiénes somos y qué anhelamos ser como nación. La situación presente de incertidumbre y malestar en la cultura no ofrece opciones al presente con proyecciones de futuro, sustentadas en una comunidad de valores y propósitos.
  • Nuestros gobernantes no están mirando hacia el futuro con visión de patria. El riesgo de dejarnos arrebatar los frutos de la lucha patriótica contra el enclave colonial, que son el resultado de muchas generaciones de panameños y panameñas, es advertencia oportuna que hacemos, a juzgar por la desnacionalización del país que observamos en el presente.
  • Es lamentable la destrucción y abandono de nuestro patrimonio histórico y cultural; un hecho inaceptable e injustificable, en todo momento y circunstancia.

EXPRESAMOS:

  • Preocupación por las políticas y prácticas de nuestros gobiernos que, en aras de un mal comprendido “progreso económico”, menosprecian el aprendizaje humanístico conducente a formar ciudadanos y ciudadanas con capacidad analítica, pensamiento crítico y creativo, honestos y con cultura de paz.  Al eliminar horas y  cátedras en historia, ciencias sociales y filosofía, que son las asignaturas creadoras y transmisoras de nuestra memoria colectiva e identidad nacional, así como de la cultura universal, atentan contra el civismo, desarrollo intelectual, salud psicológica y la formación moral de nuestra juventud.
  • Indignación, porque nuestras autoridades persisten en restarle importancia a la memoria histórica y a la identidad nacional, generadoras de autoestima, cohesión social y personalidad individual, tan necesarias para que los panameños y panameñas logremos una sociedad más emprendedora, equitativa y sostenible, que destaque en el mundo por su pluralidad étnica, solidaridad, con pensamiento propio y descolonizado.
  • Dolor frente a medidas económicas en la educación que profundizan la desigualdad educativa entre la enseñanza pública y la privada, y destruyen cualquier sistema honesto para la igualdad de oportunidades.

DENUNCIAMOS:

1.      Las políticas y prácticas educativas que:

  • Reducen  horas y asignaturas en humanidades y ciencias sociales, así como la fusión de estas materias con resultados mediocres en la formación de la ética, la ciudadanía, la conciencia histórica y la identidad nacional. Ocasionando, además,  desajustes graves en la oferta académica universitaria de las humanidades y  ciencias sociales, exponiendo al país a un tecnicismo mercantil, huérfano de pensamiento propio y de identidad. Tal es el caso de la eliminación de la cátedra de Historia de las Relaciones entre Panamá y Estados Unidos a través de la Ley 407.
  • Suprimen a autores panameños, íconos de la nacionalidad, de las listas de textos obligatorios y recomendados por el Ministerio de Educación, haciendo más difícil la formación de una conciencia de la nacionalidad y un sentido de pertenencia, compartida por las generaciones anteriores.
  • Eliminan contenidos que desarrollan competencias en materia de redacción, los cuales quedan subsumidos a la gramática.

2.      La ausencia de una política cultural democrática, incluyente y comprometida con el patrimonio histórico y cultural de Panamá, adoptando prácticas como:

  • La clausura de programas literarios y espacios culturales, violando el derecho a la libertad de expresión, bajo el argumento antidemocrático de que se critica al gobierno de turno.
  • El abandono, hasta la destrucción, de museos y monumentos históricos que representan el patrimonio histórico y cultural de los panameños. En este sentido, resulta una vergüenza nacional que nuestro Museo Antropológico sea sede para toda clase de exhibiciones y espectáculos, con exclusión del legado arqueológico y precolombino de los pueblos originarios de Panamá.
  • La destrucción de nuestro patrimonio urbanístico y arquitectónico, del legado histórico y cultural de Panamá, como  ocurre con algunas ruinas de Panamá La Vieja, dando preeminencia a la construcción de vías por encima de la preservación del patrimonio histórico; la ausencia de conservación y protección  de sitios como el Fuerte de San Lorenzo, Portobelo, la arquitectura histórica de Bella Vista, y un sinnúmero de Iglesias coloniales, sitios arqueológicos y pueblos vernaculares, así como el avasallamiento urbanístico que ocasiona al Casco Antiguo la construcción  la Cinta Costera, en su fase III.
  • La indolencia por la construcción de espacios públicos -libres y gratuitos- que favorezcan el encuentro, refuercen la identidad ciudadana, propicien las expresiones culturales y artísticas y fomenten la socialización, mitigando así la violencia.


3.      El derroche y uso del dinero público, sin la anuencia de los ciudadanos:

  • En inútiles inversiones que remilitarizan el país, sin disminuir la violencia, y en construcciones insostenibles energética y ambientalmente; en propaganda gubernamental que pretende hacer olvidar prioridades como la construcción de escuelas suficientes y bien equipadas que aseguren una educación integral y de calidad, en horarios completos, y que forme ciudadanos que defiendan la ética y la democracia, y la formación de científicos y profesionales que cimenten una Nación justa, que impulse la construcción de un país sostenible económica, social y ambientalmente.

PROPONEMOS:

  • Derogar la Ley 407 que elimina la asignatura: Historia de las Relaciones de Panamá y Estados Unidos y aprobar nuevamente la enseñanza de la misma.
  • Reincorporar de inmediato a los escritores de la nacionalidad panameña eliminados en las listas de textos del MEDUCA.
  • Suspender el Decreto N° 85 del 3 de abril de 1985 y la Ley 29 sobre la actualización de libros de consulta escolar que dan sustento al Resuelto N° 3294 del 15 de diciembre de 2008, del MEDUCA.
  • Incrementar y reformular el presupuesto nacional para invertir con prioridad en una educación integral y de excelencia.
  • La creación del Ministerio de Cultura, con su correspondiente diseño de una política cultural, con el suficiente presupuesto para impulsar la investigación, la creación y la manifestación cultural en todas sus expresiones, así como el rescate de museos, sitios y monumentos históricos nacionales.
  • Que se cumplan estrictamente los tratados y convenios internacionales en materia de cultura y educación.

Exigimos que todos los candidatos a la presidencia de la República, para las próximas elecciones, firmen el presente documento como muestra de su compromiso con la defensa de la identidad nacional, la memoria histórica y la cultura nacional.

Dado en la ciudad de Panamá, al día 1° del mes de noviembre de 2012.

20.10.12

MEMORIA, IDENTIDAD O MERCADERES

Por Manuel Orestes Nieto

Poco a poco, una aparatosa mentalidad mercantilista se ha ido instalando en el corazón mismo del esfuerzo histórico de construcción de la nación panameña. Es tal la brusquedad por imponerle a la sociedad su pragmático modo de pensar y su modelo de actuar, que impacta directa y negativamente a lo que ha sido la forja de nuestra identidad. Valores asentados y entrañables para el panameño, hoy vuelan por el aire y nos invaden con una abrumadora avalancha de atroces mensajes mediáticos o chabacanerías propias del tejido enmarañado del oficialismo.

Tal como señalara recientemente el escritor Pedro Rivera, esto parece “un plan articulado”, una forma de despojo de nuestro ser como país. Lo perverso está en el hecho de que en “el país de los locos” esa conducta les parece natural y es hasta un escudo político. Por ello, repito: es una manipulación deliberada –producida por el marcado interés de tener la hegemonía de la cúspide social, de ser los dueños del país, para hacer y deshacer, aún a costa de envilecer y denigrar al pueblo llano, en tiempo real, en vivo y a todo color. “Trasgredir con impunidad” es un lema de acción del régimen; pasar la página, violentar las reglas, normas, leyes y rasgar la institucionalidad democrática, se ha vuelto un método frenético, un instrumento de un poder que aspira prolongarse a toda costa y sin resistencia.

De un tiempo a esta parte, presenciamos que se ha intensificado una tendencia que tiende al menosprecio por la colectividad. Una continua ráfagas de hechos, aparentemente aislados, casi siempre inexplicados y consumados, se vienen sumando uno a uno, en todos los ámbitos, incluyendo a lo que concierne a nuestra historia, identidad y cultura.

No se trata solamente de no comprender, por ejemplo, en su trascendencia más profunda lo que es un libro de enseñanza o de creación literaria; lo que aporta un escritor panameño con sus obras realizadas en condiciones nada fáciles y poco estimulantes; lo que implica preservar un sitio histórico como patrimonio del país; lo que es un archivo documental resguardado de todo daño -como deben ser los Archivos Nacionales- para el conocimiento de fuentes primarias de información, testimonios veraces de acontecimientos y para que los ciudadanos se reconozcan al revelarse ante sus ojos imágenes, fotografías, documentos originales, incunables publicaciones de una época determinada; o la importancia enorme que tiene la enseñanza cívica en el aula de clases; o la trascendencia que tiene saber quienes somos y de dónde venimos; apreciar nuestras raíces formativas, saber y sacar lecciones de las heroicidades y atrocidades ocurridas, del daño causado; ponderar la resistencia y la lucha por ser nación que implicó para los panameños vivir subordinados a dos inmensos imperios (España y los Estados Unidos) y adheridos a una metrópoli (Bogotá) que en los totales nos minusvaloraba, totalizando ese arco de tiempo unos quinientos años donde no tuvimos libertad, ni autodeterminación ni soberanía.

Lo que ocurre ahora es que intereses demasiados crematísticos y voraces están torciendo el alma nacional. Con el “cambio” lo que se ha abierto es un ciclo de desintegración y no de convergencias, se ha cerrado el diálogo social y la autocracia está en expansión. Un arsenal demagógico se cierne sobre el país que aún no ha resuelto gravísimos problemas de inequidad, de educación, de salud y sobre todo de la pobreza; la riqueza se concentra frenéticamente y la miseria está allí abajo, bajo la presión de sobrevivir y con mucho desaliento, en ciudades, campos y serranías. Los mercaderes hacen fiestas en sus palacios dorados y son insaciables sus glotonerías. Es un mundo, en definitiva, esencialmente antinacional porque se ataca a la nación; es insolidario, drástico y sólo ve lo que le interesa ver, sus intereses.

Razón tiene Juan David Morgan cuando recientemente afirmó en una conferencia en la OEA, en Washington, que “la poca importancia que Panamá otorga a los temas culturales es uno de los vacíos de nuestra identidad nacional.” El crecimiento económico, sin contar con una robusta cultura y un elemental respeto por nuestras herencias ancestrales, no será suficiente para alcanzar el desarrollo. Podremos llenarnos la boca hasta la saciedad de que nos dirigimos al primer mundo; pero incultos, sin memoria histórica y con la identidad maltratada, nunca llegaremos.

Por eso, no puede quedarse como una noticia fugaz, como tantas otras, el hecho de que, por ejemplo, en la Universidad de Panamá esté la enseñanza de la historia en el borde del abismo; que sea un riesgo real y muy probable, el cierre de las cátedras humanísticas y que justamente enseñan la historia, la memoria de la nación que debemos cuidar.

Asimismo, es muy grave que se nos informe de golpe y sin aviso que se elimina de un plumazo la materia de las Relaciones entre Panamá y los Estados Unidos y que su contenido quedará sumergido en una extraña estructura curricular que se impone a sangre y fuego. Es discutible que la vía de la eliminación sea la ruta certera para enseñar a la niñez y a la juventud panameña lo que es su país. Ese debate ya no se dio, pero que conste: no hay manera de justificar este borrón de siglo y medio de presencia norteamericana en Panamá, con todas sus relaciones complejas y contradictorias, incluyendo la traumática invasión a Panamá de diciembre de 1989.

Ha sido esa relación una de las gravitaciones más densas de la historia de Panamá. ¿Por qué precisamente ahora extirpar su conocimiento? ¿O es que tenemos miedo al fantasma de recorrer los años en que fuimos colonia y colonizados directos? Esa historia tiene que contarse como fue y también destacar las huellas y los hechos admirables de la lucha tenaz por lograr la independencia real, reconquistar el Canal panameño, integrar el territorio patrio, con altos precios que ya pagaron, sufrieron y padecieron las generaciones de todo el siglo XX, y que no se pueden ocultar ni desconocer ni maquillar.

¿Cómo ha sido concebible esa solapada especie de depuración de la lista de lecturas complementarias de autores panameños en el Ministerio de Educación? Esas obras literarias y sus contenidos son parte de la vida misma que nos ha tocado vivir en este istmo y son útiles para alimentar la autoestima de la juventud y acrecentar el orgullo y el afecto por quienes les precedieron. Para eso sirve la literatura no para ser excluida de su encuentro con el lector estudiantil y de su función básica social. Este hecho es tanto como cercenar una parte importante y vital de la nacionalidad misma.

Es tremendo, pero acciones como éstas indican que la educación seguirá empantanada, que no se resolvió el “imperdonable” del CD de lograr un nuevo sistema educativo y que quedará como un asunto pendiente de este gobierno. Si el próximo, sea quien sea, fracasa, pues, vayamos sabiendo todos que se deshuesó esta república. De modo que me parece legítimo afirmar que ya quedaron muy atrás los vanos intentos de reformar y emparchar un sistema que tiene que ser remplazado. La educación tiene que ser la prioridad uno y habrá que revolucionar la educación o, de lo contrario, sucumbiremos.

Es difícilmente concebible que sea una casualidad o un azar de medidas sueltas e inconexas. Por ello, tengo que preguntarme qué es lo que impulsaba realmente la velocísima aprobación de la Ley de Propiedad Intelectual y Derecho de Autor. ¿Si importaba más la protección autoral, los derechos intelectuales o fue un aceleramiento para cumplir los plazos letales para la puesta en marcha del Tratado de Libre Comercio? ¿Cuántas horas de debate real y participativo hubo en la Asamblea para aprobarla? Esa Ley nació con problemas y vivirá con problemas.

Hay otro asunto complicado y grave: el que da vueltas alrededor de la construcción de la Cinta Costera III y las implicaciones que ello tiene para el Casco Antiguo, como complejo monumental histórico y patrimonio mundial. Se han dicho incoherencias de variados tipos, se ha actuado con insinceridad y creo que no se han medido en dar versiones inciertas en todo el proceso de imponer este proyecto, así como planteamientos contradictorios y confusos de las misiones que han asistido a la UNESCO. El caso es que la Cinta III ya está en marcha y todo lo demás es un cuento. Esa vía de seis carriles va porque va; porque se dirige no a resolver la vialidad hacia y desde el interior nada más; sino sobre todo porque es una “mega obra”, como dicen ahora, cuya virtud es estar allí de todos modos y porque también será la ideal conexión estratégica hacia la Calzada de Amador (hacia “Amador: Ciudad Marina”). Más claramente: hacia ese privilegiado lugar en la entrada del Canal de Panamá que, en un futuro próximo, si pueden y si ganasen en el 2014, concretarían entonces un impresionante desarrollo inmobiliario, especulativo, comercial y de negocios. Para eso se necesita una estupenda autopista de entrada y salida. Y si la paga el Estado mucho mejor. Eso me recuerda, además, que la ANATI tendría que modificar su ley para autorizar nuevos rellenos y de paso, zonas de playas e insulares, en todo el país y que es conocida la existencia del anteproyecto de ley sobre estas materias.

Si allí surge una ciudad entera para la venta de bienes raíces en manos privadas -la del video animado para vender un proyecto faraónico que circuló ampliamente y que ante los señalamientos que se hicieron se dijo que era sólo un “sueño de Boli Bárcenas- la pregunta es: ¿quiénes serían los dueños de ese oportuno y jugoso “desarrollo urbano.”? ¿Quienes se beneficiarían? ¿Los chorrilleros? Así que dañar el Casco Antiguo es ya lo de menos a estas alturas e intereses actuando en las entrañas del poder. El MOP y el Ministro Suarez siempre tuvieron inalterable su objetivo: la Cinta Costera III va, no puede no ir. Y aún nos siguen sorprendiendo con el anuncio de que se incrementa el precio porque se les olvidó cuantificar el costo del “Maracaná del Chorrillo.” Lo determinante siempre ha sido la conexión –sobre el agua, no por un túnel- y, en su debido momento, rellenar y rellenar desde la Avenida de los Poetas hasta el fin del Coseway ampliado, para concretar este exclusivo, carísimo y multibillonario proyecto. Visto así, que la historia reviente y que el Casco Antiguo deje de ser parte del patrimonio mundial no tiene la menor importancia ni ningún valor; esto es negocio y de los grandes.

Y como pesadillas que no terminan, dentro del perímetro del Casco Antiguo, siguen haciendo y deshaciendo como el caso de la expropiación del edificio abandonado de la Librería Preciado. Precisamente allí es el lugar, la Plaza donde ocurrieron los hechos históricos de noviembre de 1903. La Corte Suprema declaró como legal dicha expropiación. El gobierno anuló de inmediato esta expropiación y le devolvió el inmueble a su dueño a través de un Decreto Ejecutivo. ¿Cómo explicar esta fría decisión y por qué? ¿Qué favor hacen si la Corte se pronunció? ¿Cuánto vale ese inmueble? Alma Montenegro de Fletcher valoró este hecho como un agravamiento del principio de la seguridad jurídica, porque se lleva de banda un pronunciamiento de la instancia máxima y definitiva del Órgano Judicial.

Sí, convergen situaciones que nos sacuden. Como las que ya pasaron el año pasado, con la antigua Embajada de Estados Unidos. Sólo la resistencia sensata y la protesta de algunos panameños y panameñas hizo que la “Tuza” no estuviera allí. Costó en verdad mucho que se entendiera la atrocidad que se iba a cometer. Pero la realidad es que un edificio de tanta resonancia para la historia lo demolieron y bien rápido. ¿Por qué no pudo ser el Museo de Historia de este país, tal como se sugirió? Hasta hoy nos hemos dado el lujo de no tener un museo de la historia de Panamá con la dignidad, docencia e infraestructura apropiada para que miles de estudiantes lo visiten durante todo el año. Hay que ir a ver como está el seudomuseo de nuestra historia, apretujado en un espacio reducido, con una museología antiquísima y a penas existente. ¿No es para avergonzarnos? Por supuesto que es una vergüenza y una indolencia. Demasiada indolencia con esa esencia que se llama la patria.

Es muy fácil declarar que hay un agresivo plan en marcha de rescatar otros 22 museos a nivel nacional por parte del INAC. ¿De verdad, verdad? Bueno, espero que antes de que finalice el quinquenio de gobierno tengamos esa red de museos debidamente rescatada como debe ser. Hasta que no lo vea, no lo creo. De la misma manera que espero que los panameños tengamos acceso alguna vez a la valiosa colección del trasladado Museo Antropológico Reina Torres de Araúz y que dejen de estar en cajetas tantas piezas valiosas que sirven para educar, que tanto enseñan del ser panameño; es decir, que deje de ser un simulacro de espacio cultural cerrado en la práctica. La verdad es que entre anunciar un jardín del Edén de 54 millones como una ciudad de la cultura, preferiría que igual cantidad de dinero y más de eso, se invirtiera antes o simultáneamente en útiles y eficientes casas de cultura en todos los corregimientos del país. No, no estamos viviendo ninguna Edad de Oro en la cultura, como se afirmó.

Veamos otro asunto: Es también patético el manejo y los balbuceos en torno a las llamadas celebraciones de los 500 años del Descubrimiento del Mar del Sur. El sorprendente anuncio presidencial -precisamente en el acto donde se entregó el terreno de la embajada norteamericana para el hospital del Niño- sobre la construcción de la efigie de la Virgen Santa María La Antigua “más grande del mundo”, mas enorme que la Estatua de la Libertad de Nueva York y sin aclarar su misteriosa y ambigua ubicación, creo que nos dejó a muchos atónitos. Con idea atolondrada que se vendía como una genialidad, se estuvo en el borde la irreverencia religiosa más delicada. Recordemos además el asunto había que darle más grosor y eso fue el otro anuncio: que se iba a hacer otra Catedral gigantesca, para diez mil personas, una “mega-Catedral”. Todo en el marco de la hazaña de Vasco Núñez de Balboa, allá en el Darién. Convendría, en todo caso, reconstruir cabalmente la Catedral que tenemos a ser un país tan originalísimo y único que tiene sus dos Catedrales, ¿o no? Estos efectismos que tanto le gusta montar al gobierno, implantar sus “records” nunca vistos y que es como una obsesión, lo que es todo un slogan de lo que “no se hizo en cuarenta años”, sencillamente plasman lo que estoy señalando: una mentalidad extraviada en sus vanidades y que cree que no comete errores está irradiando mal. Así no vamos bien, así vamos muy mal. Nada de esto puede aplaudirse como genialidades inventadas sobre la marcha. Los países no se construyen así, y menos asumiendo que las población es ignorante.

Me resultó penoso por decir lo menos, que en ese momento de anuncios disparatados, evidentemente utilizado para zanjar el embarazoso asunto de la embajada gringa, la iglesia panameña haya quedado en una situación incómoda de tal calibre, que me costó creer que el Arzobispo de Panamá señalara que una estatua así era hasta positiva para atraer turistas. Felizmente, hemos visto que, poco a poco, hubo la suficiente lucidez clerical, una corrección del entuerto, precisando que se trata ahora de un proyecto “entre iglesia y empresa privada”.

Por otra parte, la intención parece ser que tengamos una memoria corta o mejor que no tengamos ninguna. Pero hay otra acción más terrible: perder la escala, la dimensión de lo real, como me resultó pasmosa la “valoración histórica” que hiciera Tito Afú, sobre las magnitudes presidenciales de Belisario Porras y Ricardo Martinelli. Como quien se bebe un vaso agua, en la inauguración de una carretera, según el diputado Afú, Martinelli es como quien dice, lo máximo, el mejor de todos los presidentes desde el Presidente Porras hasta acá. Otro fabuloso “record” más. Lo que queda del liberalismo habrá sentido un golpe en los riñones como mínimo. Es decir, que hasta la politiquería juega con la historia, con sus personajes y sus aportes permanentes a la nación. Lo malo es ver pasar estos exabruptos y reducirlos a un chiste. No, no es chiste, en mueca nos convertiremos si Afú es el que da cátedra en historia a los panameños. Es la anticultura erosionándonos; es ese “prototipo” sembrado deliberadamente de los “Chello” Galvez en la cabeza de un Organo del Estado, toda una barbarie entronizada donde se supone que se hacen las leyes de este país y que grita: “…fuera, a llorar al cementerio.” O del “Macho” Camacho y sus Gladiadores; y, en su momento el deprimente espectáculo municipal que dio en su momento Bosco y sus inauditas y “creativas” ideas que a todos nos pusieron en vilo en una ciudad a la deriva.

Son estas cosas que complotan contra la cultura nacional, contra la riqueza interior del alma del país, en este angosto istmo y su geografía humana que aquí habita, tal como ella es: multiétnica y pluricultural. La ilusión de una malentendida “modernidad” no puede avasallar nuestra identidad.

La cultura no es una cenicienta eterna del estado, como hemos repetido mil veces. Ello es solo una manera de hablar en forma muy superficial, para reducir el abandono cultural a la exclusiva falta de apoyo económico que no tiene el sector desde hace muchos años. Para describir un malestar y no resolverse las indiferencias e incomprensiones de gobiernos tras gobiernos (incluyendo a los gobiernos PRD, por si acaso, porque esto es parejo para todos y sin nadie eludir responsabilidades). El asunto es mucho más serio: sin cultura no hay país. Tengamos cuidado con dañarnos órganos vitales con decisiones y arbitrariedades como las descritas y muchas otras que son más oscuras y de más mala entraña.

La memoria histórica, la identidad no son asuntos secundarios de poetas saltimbanquis o intelectuales que hablan “babosadas”. No son tonterías de artistas y teatreros, que no entienden ni saben hacer fortuna, ni son empresarios exitosos. La cultura y su savia la hacen los pueblos con gracia, talento e ingenio, con sangre y fe, con dolor y con alegrías, es un bien común que no tiene precio porque es de por sí un valor incalculable. Lo que es verdad es que sí pueden dañarla, herirla, desalentarla y burlarse en definitiva. Lo que hoy es el clientelismo, “aquí mando yo”, “me importa un bledo”, nos puede arrastrar a una involución estructural como nación; a una desfiguración tal donde no nos reconoceríamos y el país que tanto luchó por su autonomía y manejo de su destino, termine como aquella isla Tortuga, la de los piratas y corsarios, la de los filibusteros y los ladrones en la nocturnidad de los puertos.

Aún confío en que esa desgracia no ocurrirá, por abismal que parezca. Una lectura histórica cuidadosa y objetiva indica que en el panameño, a pesar de nuestras debilidades, hay fundamentos ya enraizados y defensas nobles ante el avasallamiento. Por todo ello, la memoria y la identidad tienen que ser preservadas, a toda costa, para algo que resulta tan obvio, tan evidente: para que Panamá exista, para que Panamá viva.

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Manuel Orestes Nieto (Panamá, 1951). Ganador del Concurso Nacional de Literatura "Ricardo Miró" de poesía, en Panamá, en cinco ocasiones: 1972, 1983, 1996, 2002 y 2012, con sus libros "Reconstrucción de los Hechos", "Panamá en la Memoria de los Mares", "El Mar de los Sargazos", "Nadie llegará mañana" y "El deslumbrante mar que nos hizo".

Premio "Casa de las Américas" 1975 de poesía por su libro "Dar la cara". Premio "José Lezama Lima" 2010 de la Casa de las Américas por su libro "El cristal entre la luz". Por "Este lugar oscuro del planeta" recibió una Alta Mención Honorífica del Premio Centroamericano de Literatura "Rogelio Sinán" 1998-1999. Premio Nacional de Literatura "Pedro Correa", 2000, por el conjunto de su obra publicada. Ostenta la Medalla "Gabriela Mistral" otorgada en 1996 por el gobierno de Chile. Aparece en múltiples antología de poetas latinoamericanos y, especialmente, en la "Antología Cumbre Poética Iberoamericana" publicada en el 2005 en Salamanca, España,

Además de los libros premiados ya señalados, es autor de: "Poemas al hombre de la Calle", "Enemigo Común", "Diminuto país de gigantes crímenes", "Oratorio para Victoriano Lorenzo", "Poeta de Utilidad Pública", la antología "Rendición de Cuentas" que recoge veinte años de su producción poética, "El imperecedero fulgor", "El país iluminado" y "Ala grabada en blanco".