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19.4.12

BASES DEL CONCURSO NACIONAL DE LITERATURA "RICARDO MIRÓ" 2012

BASES
CONCURSO NACIONAL DE LITERATURA "RICARDO MIRÓ" 2012

DISPOSICIONES GENERALES:

1. El Instituto Nacional de Cultura declara abierto el Concurso Nacional de Literatura Ricardo Miró 2012 a partir de la publicación de estas bases.

2. Todos los trabajos se entregarán en el Departamento de Letras del INAC, ubicado en el Museo Antropológico Reina Torres de Araúz, Llanos de Curundu, antes de las 4:00 p.m. del 30 de junio de 2012. (teléfono: 501-4740; correo electrónico: letras@inac.gob.pa, adegracia@inac.gob.pa)

3. El Instituto Nacional de Cultura, a través del Departamento de Letras velará por el cumplimiento de las bases del Concurso Nacional de Literatura Ricardo Miró.

4. El Concurso Nacional de Literatura Ricardo Miró consta de cinco secciones: Poesía, Cuento, Novela, Ensayo y Teatro.

5. Podrán participar en el Concurso Nacional de Literatura Ricardo Miró, los panameños por nacimiento, residentes o no en el territorio nacional y panameños por naturalización con más de cinco años de residencia demostrada en el país.

6. Los autores que hayan ganado el Premio Nacional de Literatura Ricardo Miró en algunas de las secciones, no podrán participar nuevamente en el mismo género ganador hasta que hayan transcurrido tres años del concurso.

7. Cada trabajo presentado a concurso debe ser inédito, estar escrito en español, ser obra de un autor o autora y corresponder a un solo género literario.

8. No se aceptarán obras que hubiesen obtenido premios ni menciones en otros concursos nacionales o extranjeros. Este criterio será aplicable a la obra en su totalidad.

9. Los trabajos serán presentados bajo seudónimo. En un sobre cerrado —plica— se incluirá una reseña biográfica actualizada, dirección completa, copia de la cédula, un documento firmado por el concursante en el que certifique que conoce y acepta en su totalidad las bases del concurso y que su obra no se encuentra compitiendo en ningún otro certamen nacional ni internacional. La ausencia de este documento descalificará la obra, en caso de que resultara seleccionada por los jurados.

10. En el sobre (plica), en la cubierta y en la primera página de cada uno de los ejemplares de las obras presentadas debe aparecer la siguiente leyenda:

INSTITUTO NACIONAL DE CULTURA
CONCURSO NACIONAL DE LITERATURA RICARDO MIRÓ 2012
SECCIÓN
TÍTULO DE LA OBRA
SEUDÓNIMO

11. Los participantes que opten al premio entregarán los trabajos por triplicado en folios mecanografiados o mediante impresión informática a doble espacio, letra times new roman 12, en papel bond 81/2 X 11, debidamente encuadernados -no empastados - escritas por un solo lado, con márgenes de una pulgada, las páginas enumeradas. Al igual que una copia digital (CD)

12. Ningún funcionario del Instituto Nacional de Cultura que esté prestando servicios a la institución mediante cualquier tipo de nombramiento o contrato, podrá participar en este certamen. Tampoco podrán hacerlo los familiares de la Directora General, Subdirectora General, Secretaría General, Directores y Subdirectores Nacionales, Jefes de Departamentos y Secciones hasta el 4to.grado de consanguinidad y segundo grado de afinidad, ni los cónyuges ni parejas en unión libre.

13. Los concursantes deben dar muestra de alto sentido profesional y ético, por lo que mantendrán secreta su participación hasta el día de la divulgación del fallo y evitarán todo intento de conocer la identidad de los jurados. La violación comprobada de cualquiera de estas disposiciones será motivo de descalificación. Los casos denunciados serán analizados por la Dirección Nacional de Publicaciones, el Departamento de Letras y la Dirección de Asesoría Jurídica del Instituto Nacional de Cultura, y se procederá de acuerdo a lo establecido en la Ley No. 38 de 31 de julio de 2000, que regula el Procedimiento Administrativo General y dicta disposiciones especiales.

ESPECIFICACIONES ACERCA DE LAS SECCIONES

14. Las secciones de cuento, novela y ensayo deben tener de 22 a 24 líneas por página. Se eximen de esta norma los minicuentos.

SECCIÓN CUENTO:
15. Las obras tendrán un conjunto de seis o más cuentos de tema y estilo libres, con una extensión mínima de 120 (ciento veinte cuartillas o páginas) y un máximo de 160 (ciento sesenta).

SECCIÓN ENSAYO:
16. Los temas según el año del concurso son literarios, históricos, filosóficos y sociológicos. Para el año 2012 se contempla el ensayo sociológico.
  • La obra constará de uno o varios ensayos afines entre sí por su unidad temática que abarcarán un mínimo de 120 (ciento veinte cuartillas) y un máximo de 300 (trescientas).
  • Las obras deberán ser ensayos propiamente dichos, no tesis o monografías.
SECCIÓN POESÍA:
17. Puede estar constituida por uno o varios poemas de tema y estilo libres, con una extensión mínima de 800 (ochocientos versos). Los poemas pueden llevar títulos individuales o no. Incluir índice cuando se trate de más de un poema.

SECCIÓN NOVELA:
18. Las obras deben ser de tema y estilo libres, tener un mínimo de ciento cincuenta (150) cuartillas y un máximo de trescientas (300).

SECCIÓN TEATRO:
19. Pueden estar formadas por uno o varios actos de tema y estilo libres.
  • La extensión promedio debe estimarse en un tiempo mínimo de una hora y treinta minutos escenificables, lo que corresponde aproximadamente a sesenta (60) páginas.
  • Las obras no pueden haber sido escenificadas previamente ni hechas públicas por ningún medio.

NOTARIO PÚBLICO

20. El Instituto Nacional de Cultura garantizará la presencia de un Notario Público con el fin de que certifique, mediante un acta, el momento de cierre del concurso y custodie las plicas que contienen la identidad de los participantes hasta el día del fallo. Estará presente cuando se den a conocer los ganadores y posteriormente levantará el acta respectiva con los datos que revelen las plicas.

JURADO CALIFICADOR Y FALLOS

21. El Instituto Nacional de Cultura garantizará para cada sección del concurso un jurado constituido por tres intelectuales de reconocidos méritos, dos de los cuales deben ser extranjeros. El jurado panameño podrá serlo por nacimiento o naturalización.

22. Los jurados tienen la obligación moral de mantener secreta su identidad como tales hasta el momento de su instalación oficial. Si algún jurado se entera de la identidad de los concursantes o si sabe que su identidad ha sido divulgada, debe renunciar a su condición de jurado. De producirse cualquier anomalía que empañe el prestigio de este concurso, debe ser comunicada inmediatamente a la coordinación de este certamen. De su discreción y alto sentido profesional y ético depende, en gran medida, la honorabilidad y buen nombre del concurso.

23. El fallo del Jurado calificador será razonado y tendrá carácter definitivo e inapelable, siempre y cuando se hayan cumplido estrictamente con las disposiciones generales del concurso.

24. El fallo podrá ser unánime o de mayoría. De darse un fallo de mayoría también deberá sustentarse, en el mismo documento, el fallo de minoría.

25. En caso de producirse alguna eventualidad o situación, no contemplada en las bases, será resuelto por el jurado.

26. Los Jurados de cada género leerán sus fallos en presencia de las autoridades competentes del INAC y del Notario quien, tras abrir las plicas seleccionadas por los jurados, certificará las autorías correspondientes a las obras.

27. El fallo plasmado en el Acta se hará público y se divulgará en acto abierto el lunes 22 de octubre de 2012 a las: 7:00 p.m.

DOTACIÓN Y ENTREGA DE PREMIOS

28. En cada sección habrá un PREMIO ÚNICO INDIVISIBLE DE B./15.000.00 (QUINCE MIL BALBOAS CON 00/100), medalla de oro y pergamino. En relación con los derechos de autor, queda establecido que, mediante el acto de aceptación formal del premio, los autores conceden legalmente al Instituto Nacional de Cultura la titularidad de los derechos de edición, publicación y comercialización de sus obras galardonadas en el Concurso, hasta por el término de una primera edición.

29. Los premios podrán ser declarados desiertos cuando, a juicio mayoritario del jurado, las obras participantes no tengan la suficiente calidad literaria. En cuyo caso, el dinero destinado para el premio será utilizado para reforzar dicho género.

30. No se concederán menciones de honor.

31. La ceremonia de premiación se realizará en el Teatro Nacional el jueves 25 de octubre de 2012 a las 7:30 p.m.

ESPECIFICACIONES SOBRE LAS PUBLICACIONES

32. Los ganadores se comprometen a entregar al Departamento de Letras, el texto debidamente revisado de las obras premiadas en un plazo no mayor de treinta días después de divulgado el fallo. La obra será entregada en disco compacto o por correo electrónico. Después de anunciado el fallo del Jurado, no se permitirán cambios de títulos u otros sugeridos. Salvo las sugerencias de los jurados con respecto a la obra.

33. Las obras premiadas serán editadas por el Instituto Nacional de Cultura. Su primera edición será patrimonio exclusivo del Instituto Nacional de Cultura. Una vez agotada, el autor podrá negociar con el INAC una nueva edición.

34. Las obras se publicarán al año siguiente de la premiación. La primera edición será de mil ejemplares para cada género, de los cuales cien (100) recibirá el autor/a. El INAC dispondrá del resto de las obras para efectos de canje, donaciones y venta.

35. Las publicaciones deben incluir el fallo completo, reseña biográfica, sinopsis de la obra y fotografía digitalizada del autor.

OBSERVACIONES FINALES

36. El Instituto Nacional de Cultura tendrá derecho sobre dos poemas, un cuento o un fragmento de ensayo, teatro o novela según corresponda, para divulgarlas en la página web del Concurso Nacional de Literatura Ricardo Miró o bien en la edición y reedición de antologías.

37. De los trabajos no premiados el INAC sólo tendrá el compromiso de devolver un ejemplar con su plica que deberá ser retirado del lunes 12 de noviembre al 30 de diciembre de 2012. Después de esa fecha se procederá a su destrucción. Los jurados internacionales destruirán, en su país, las obras concursantes.

38. Las bases del Concurso deberán divulgarse inmediatamente después de su publicación.

39. Es potestad del Departamento de Letras de la Dirección Nacional de Publicaciones revisar, cada año, las bases del Concurso en el marco de las leyes que lo rigen.

40. El Instituto Nacional de Cultura salvaguarda la seriedad, prestigio y honorabilidad del Concurso Nacional de Literatura Ricardo Miró 2012.

FUNDAMENTOS DE DERECHO

Ley No. 63 de 6 de junio de 1974, "Por la cual se crea el Instituto Nacional de Cultura".

Ley No. 27 de 4 de septiembre de 1946, "Por la cual se crea el concurso Literario Ricardo Miró".

Decreto de Gabinete No. 332 de 15 de octubre de 1970, "Por la cual se adoptan medidas relativas al Concurso Literario Ricardo Miró y se dictan otras disposiciones".

Ley No. 38 de 5 de agosto de 2002, "Que modifica artículos del decreto de Gabinete No. 332 de 1970, que adopta medidas relativas al Concurso Literario Ricardo Miró y dicta otras disposiciones".

23.11.09

CRÓNICA DEL XXIII ENCUENTRO DE CONTADORES DE HISTORIAS Y LEYENDAS EN BUGA

Por Germán Jaramillo Duque, Revista de las Artes Escénicas

Contadores de historias de once países de América Latina participaron en la vigésima tercera versión del Encuentro de Contadores de Historias y Leyendas en Buga, Colombia, entre el 3 y el 6 del pasado mes de noviembre.

Estuvieron presentes contadores de historias de Argentina, como José Ramón Farías, quien contó relatos de tradición oral, con la fluidez de quien se ha desempeñado como docente durante muchos años, y Gustavo Leguizamón, cuyos relatos musicalizados cuentan historias de la vida cotidiana de su provincia chaqueña argentina; de Uruguay, como Stella Marís Zaffaroni, una contadora de historias cuyo mérito radica en su gran capacidad para convertir rápidamente sus recuerdos en historias para trepar al escenario; de Brasil como Belissa do Pinho, a quien la naturaleza le enseñó a contar cuentos, porque no acude a talleres, y posee la magia para hacerse entender de los niños en su rudimentario portuñol; y Yosy Correia, Júlia Fiuza y Edmar Cândido, miembros de una compañía circense, para quienes las historias no pueden suceder sin música previa; de Ecuador, como Patricio Guzmán, Freddy Neira y Raymond Duque, tres teatreros que se arriesgaron a convertir a última hora su montaje en una historia acoplada a las exigencias del Encuentro; de Venezuela, como Morelia Muñoz, Reynaldo Chaviel, Adrián Chaviel e Yván Pineda, caribes entusiastas, para quienes cuento y música son una misma cosa; de Panamá, como Carlos Fong, un hombre con muchas historias que llegó a Buga convencido de que no tenía nada qué contar; de Costa Rica, como Ana Victoria Garro, Lilián Ocampo e Inés Morales, tres estilos que caminan desde lo agrario hacia lo urbano; de Guatemala, como el gran César Soto, el hombre que combina la magia con las historias, y cuyo verdadero mérito radica en que no hace del relato un ambiente caprichoso para hacer la magia, sino que crea la historia para después crear la magia; de México, como la teatrera Araceli Flores, quien parece haber hallado en la narración oral una pilatuna para hacerle al teatro; de Cuba, como José Luis Quintero, uno de aquellos bienaventurados que tiene permiso para salir de la isla, y quien para llenar los días vacíos de una gira que hacía por Colombia le prometió al Encuentro contar alguna historia popular de su Cuba ancestral y terminó en el escenario, leyendo un poema de Martí; y de Colombia, cuya mención, por elegancia, hemos dejado para el final, como María de los Ángeles Hidalgo Romero, quien se arriesgó a representar a su país en este encuentro adonde los cuenteros colombianos, como suelen autodenominarse ellos mismos, no desean venir, porque no les apetece una de las condiciones del Encuentro de Contadores de Historias y Leyendas de Buga cual es ponerle a la palabra un freno con el fin de que se estabilice en su valor social.

Este Encuentro, que es, como evento organizado de convocatoria a narradores orales, el más antiguo de Iberoamérica, es un espacio en donde se debate, sin pretensiones academicistas, sobre la narración oral y su papel en la recuperación de espacios significativos de identidad individual, colectiva y cultural.

Este evento es apoyado por el Ministerio de Cultura de Colombia a través de su muy original Programa Nacional de Concertación, por el Fondo Mixto para la promoción de la Cultura y las Artes del departamento del Valle del Cauca y la Alcaldía de Buga.

12.4.09

LA LITERATURA CENTROMERICANA HOY: DEL POPOL VUH AL FACEBOOK

Del 1 al 3 de abril de 2009 se celebró en Panamá el XVII Congreso Internacional de Literatura Centroamericana, Cilca 2009, dedicado este año a la memoria del escritor y periodista panameño recientemente fallecido Mario Augusto Rodríguez. La sede fue el campus de la Universidad Tecnológica de Panamá, colindante con el sistema de reservas forestales creadas para mantener las aguas que alimentan al Canal de Panamá. La inauguración se realizó en un sitio especial ubicado dentro del campus: un parque que se ha construido alrededor de los restos de El Aljibe, construcción de la época colonial que formaba parte del sistema del Camino de Cruces, vía interoceánica de más de mil años, mejorada y aprovechada por los españoles para atravesar el istmo en los llamados trenes de mulas hasta mediados del siglo XIX. En este sitio mágico, rodeados por un bosque de inmensos árboles de corotú, espavé y otras especies tropicales, en un círculo formado por los invitados al Cilca, escritores, estudiantes y la vida silvestre, abundante en este sitio, al caer la tarde iniciamos la ceremonia. La palabra se la dimos al poeta Moisés Pascual, formal apertura del Congreso y del recital especial que siguió con los poetas panameños nacidos en las décadas del 50 y el 60.

Por Moisés Pascual
 
Centroamérica es un rompecabezas por armar. Un universo de 7 cabezas, dibujado entre fronteras y muros invisibles. Centroamérica es un volcán dormido, un racimo de lágrimas, Izabales, ilopangos y Xolotlanes. Tristes figuras violentas que no encajan con la belleza de su tierra y la risa de los niños empobrecidos. Pero en alguna parte de este nuestro istmo, existen piezas claves que nos urge buscar para hacer puentes y armonizar esa totalidad que somos, entre la sangre y la alegría. Venimos del Popol Vuh, que desde la magia del misterio y la hipérbole intenta explicar la creación de nuestra vida y nuestro mundo, desafiando en la incredulidad y la ignorancia los enigmas del tiempo y el universo, los números del destino. ¡Qué riqueza más grande! Estamos hechos de la misma carne de los mismos dioses originales, maíz y vida, desde antes que los europeos pisaran esta tierra. Somos como los griegos de esta otra parte. Y nos 
resistimos a ser solo sombra y muerte, dolor, olvido y desastre. Porque Centroamérica es en su biodiversidad natural y cultural una zona de riquezas inimaginables: Flora, fauna, historia, gente que lucha y trabaja sin perder el sueño. Pero también, y sobre todo, esta nuestra capacidad de amar y ser humanos y solidarios más allá de cataclismos y contrarrevoluciones. Esas ganas de vivir más allá de la muerte, sin perder en el camino, nuestra sabiduría y nuestras raíces, nuestra alma que como chispa salta del fuego para ser la historia común de todos, en la encrucijada de la eterna dependencia y la liberación como feliz fuego final.

Centroamérica, no puede seguir siendo un juego de guerras de quienes desde el poder solo les importa con los mercados de la muerte y sus ganancias. Esta Centroamérica nuestra no puede seguir siendo la isla solitaria y triste donde las mujeres esperan el regreso de sus Ulises, en donde los niños sin libros y sin pan lloran a sus padres muertos, y en donde rotas las familias lloran como lluvia, migraciones, mientras los olvidados indios sin selvas se mueren entre masacres, malarias, turismos y falsos progresos. Esta no es la Centroamérica que queremos. Nuestra Centroamérica es la que soñamos, sobre la que escribimos. Cualquier otra imagen de nosotros es falsa. Nuestra literatura, en este sentido, debe potenciar esa imagen de nosotros mismos. Construir esta imagen, es tarea de todos. Somos una suma, queriendo ser una totalidad, con diferencias respetuosas. Es como dice Magda Zavala, debemos de “Terminar de asumir efectivamente a Centroamérica como una sociedad multiétnica, plurilinguistica y multicultural en transformación”.

Nuestra imagen real es otra. Centroamérica tiene que dejar de ser aquel cementerio para ser el más bello jardín, esa utopía de los poetas, en donde la poesía y el pan alimenten a nuestros sueños, a nuestras esperanzas, éstas, de construir ese otro mundo posible, de un mundo más unido y para todos, con progreso, bienestar, y con más y mejores oportunidades. Incluida, la literatura.

Una Centroamérica a la que a Panamá la han excluido, o se ha excluido, por razones egoístas, como si fuéramos Alicia en el País de las Maravillas, casi en el limbo, en el otro margen, entre un sur y un Caribe, a veces tan real como imaginario, pero como una zona libre de desastres más allá de la “Y griega”, sí, Centroamérica… y Panamá. Panamá es también Centroamérica, con dolor, y con mucho orgullo. Sólo hay que echar una mirada a nuestros campos, a nuestras ciudades, a nuestra gente, a nuestra historia, a nuestra escondida pobreza tras los pequeños rascacielos estilo Miami, pero también a nuestras luchas liberales, nuestras dictaduras y a nuestras invasiones. Panamá es también Centroamérica, en su “Mamita Yunai”, en su canal, en su planificado TLC, sus “maquilas”, sus callcenter, sus malls, su deuda externa, en su maíz pilado y en su arroz con frijoles, en los rostros de sus gentes, en su fútbol, y también en sus escritores y en la riqueza de sus sueños. Tierra, agua, y cielo, juntos. Así, pues, Centroamérica, incluida Belice y Panamá, es esto. Es esta realidad la que lleva por dentro nuestra esperanza de otro futuro. La posibilidad de que vida y literatura se fundan como metales para llegar a ser una fiesta de todos.

Y en este espacio vital, natural, histórico, social, político, económico, y cultural, nos movemos los escritores, sin evadirnos, como testigos y protagonistas de una literatura que debe estar en lo más alto de su creación para reflejar y ayudar a transformar esa conciencia y esa visión de la Centroamérica que queremos para todos, más justa, más libre, más democrática, después de siglos de rapiñas y piraterías, y hoy, en su presente, acosada por inciertas globalizaciones de hambre, demagogias y populismos. En este espacio, la literatura también tiene su lugar, su pirámide de grandeza.

Y si hablo de la realidad, con insistencia, es porque no puede haber literatura sin esa realidad. Ella supera a toda ficción, y de ella se nutre nuestra literatura, por diversos caminos. Además, una literatura, que no vislumbre, en sus denuncias y deseos, ese mundo mejor que vaticinan nuestras ficciones, no puede ser más que una literatura expresión del más bajo ciego egoísmo. Una literatura pobre, rancia, vieja y cansada, que no se corresponde con la riqueza imaginativa y vivencial de nuestra gente, entre el desastre y la esperanza, esperanza que también es la lucha de las plumas como armas, del asalto a los poderes ocultos y criminales. En este combate, también los escritores tenemos nuestra trinchera, nuestra gota de sangre, y también nuestras luminosas palabras como rabiosos jaguares, y quetzales en vuelo.

De lo contrario, si no cerramos nuestro ciclo, histórico, el desastre de todas las profecías malignas se hará realidad, e iremos del Popol Vuh al Facebook de los rostros indiferentes, egoístas, insolidarios, individualistas, encerrados en sus ególatras distracciones, sus lujurias, y ajenos a todo verdadero rostro humano. Es hora entonces de recomponer este mapa, este rompecabezas, este espejo-máscara, enterrado, este álbum familiar para transformar las muecas del dolor y la miseria, con libros escritos por escritores centroamericanos narrando como en un Popol Vuh nuevo historias nuevas de alegría y felicidad, lejos del miedo y de las incertidumbres de un futuro oscuro, de un mundo vacío, de una Centroamérica olvidada bajo la lava de la desmemoria, en donde los escritores, o solo dormíamos nuestros sueños de vieja grandeza o jugábamos solo con las palabras. En Centroamérica, la literatura es y debe ser, como siempre ha sido, un compromiso, con la palabra, pero también con la vida, pues la palabra que no es vida es muerte, olvido sobre el papel. Y la literatura es una puerta para la creación de mundos nuevos, y allí, Centroamérica, nosotros, tenemos nuestro lugar, nuestra casa, para nosotros mismos, y también para el disfrute de los otros mundos que como nosotros compartimos el sueño de la libertad. La misión de todo escritor es escribir hasta la última gota de tinta. Estamos en el camino, y eso es lo que importa. Nuestras plumas tienen todavía, sueños.

La literatura de Centroamérica es, parodiando a Manlio Argueta, una especie de “Caperucita en la zona roja”, un ser marginal. Más allá de algunos nombres consagrados por el cánon de editoriales y críticos, y de un trabajo con disciplina, con méritos, evidentes, en Centroamérica casi todos los escritores somos unos desconocidos de nosotros mismos y del resto del mundo. Vivimos en la dispersión, en el aislamiento, en la incomunicación. Obligados en nuestra literatura seguirán siendo Darío, Miguel Ángel Asturias, Augusto Monterroso, Luis Cardoza y Aragón, y Ernesto Cardenal, entre otros más; y entre los más actuales, Sergio Ramírez, Gioconda Belli, Anacristina Rossi, y Carlos Cortés, entre otros más. Pero nuestra literatura tiene otros nombres, pasados, presentes, y olvidados, esperando sus turnos de ofendidos. Así, nuestra literatura está necesitada de conocimiento, información, educación, divulgación, estudio, critica, intercambios e incentivos. Ella necesita su propio facebook, sus espacios, reales y virtuales, ya sea en Internet, bases de dato, páginas web, en los congresos, los festivales de poesía, las ferias de libros, las revistas, las antologías, los libros, y en otros espacios por crear. Hace falta mucho más, y más si consideramos a los escritores más jóvenes y contemporáneos o de aquellos que perteneciendo a generaciones anteriores o perdidas, no son conocidos ni lo suficiente ni en profundidad, para valorar en su totalidad nuestra literatura centroamericana, la de ayer y hoy, ya sea por país, o como región, como totalidad, tan generadora de buena literatura, a través de todas sus formas, no solo de la novela.

Nuestra literatura no puede seguir siendo esa cenicienta, esa olvidada, como otro olvidado centroamericano más. Fantasma o habitante de su propia realidad mágica, de sus mitos y sus olvidos. A nuestra literatura le urge una valoración de fondo, un lanzamiento, un redescubrimiento, un acto de verdadera justicia, que la coloque en su justo sitial dentro de la literatura universal contemporánea. Ni más ni menos. Como ha ocurrido ya con otras literaturas latinoamericanas, la mexicana, la cubana, la colombiana y la argentina, para no hablar de esa otra literatura nuestra, la brasileña. Es necesario, pues, que primero los escritores de Centroamérica nos conozcamos entre nosotros. Debemos derrumbar muros y prejuicios, mitos y mentiras, y desde ahí construir puentes, escaleras, casas y sueños. En este sentido este congreso de CILCA, como otras iniciativas, viene a ser una punta de lanza en la dirección correcta, con el aporte de críticos, estudiosos e investigadores de muchos países, que viven con pasión y creen en nuestra literatura. A ellos, ustedes, gracias, por sus esfuerzos. Esfuerzos que necesitamos redoblar para crear, producir, y divulgar, esos estudios e investigaciones que desde diversos ángulos y enfoques, no son más que una mirada de la búsqueda de los signos profundos de lo que somos a través de nuestra literatura, hecha por criollos, indígenas, negros, mujeres, o escritores en el exilio o en la migración forzada. Incluso, de aquellos que escriben para niños/as. Nuestros escritores, pese a todas las vicisitudes, no ceden en sus empeños. Empuñan sus plumas como armas, aunque pareciera que sus balas no llegan al enemigo: la ignorancia y la incultura, estructural. Sépase: El acceso a la literatura es un indicativo de la democracia, el bienestar, y la felicidad. Centroamérica un día, puede llegar a ser una república de letras y panes, de críticos amables y lectores felices.

Nuestros escritores, ahí están, haciendo lo suyo en silencio. A los investigadores y estudiosos, desde la crítica, lo histórico, lo literario o lo semiótico, nos le queda más que hacer justicia a ese trabajo que muchas veces no se ve, pero que está ahí, esperando a los que pueden salvar del olvido a una literatura que no se merece tal despropósito. Escribir hoy en Centroamérica es un oficio ingrato, solitario, al riesgo de la muerte, pero lleno de alegrías, para quienes asumimos el reto de dibujar sueños que aspiran a ser verdad y belleza. Un escritor, colombiano, como Gabriel García Márquez, que al principio de su carrera nadie apostaba un real por él, define de la mejor forma este oficio: “¿Qué clase de misterio es ése que hace que el simple deseo de contar historias, escribir poemas, se convierta en una pasión, que un ser humano sea capaz de morir por ella; morir de hambre, frío, o lo que sea , con tal de hacer una cosa que no se puede ver ni tocar ni que, al fin al cabo, si bien se mira no sirva para nada?”. Sí, la literatura sirve, para muchas cosas, para bien o para mal, pero también para darnos sentido, para explicarnos, para sugerirnos, como un todo. Es la constatación de lo que somos, fuimos, y queremos ser. Este es nuestro oficio, construyendo utopías. Y no solo de los escritores, sino también de los que investigan estudian, critican y divulgan, como creadores que son, porque son ustedes, después, los que le dan validez y sentido a nuestro trabajo en los contextos de la realidad y sus fantasmas. Ustedes, como los lectores, son imprescindibles.

La verdad, debo decirlo, no sé mucho de literatura centroamericana, soy más parte, que juez. En las escuelas poco se sabe de tal cuestión. Hay incluso los que ni siquiera saben que Rubén Darío existió, pero conocen a Shakira, y con todo derecho, no los culpo. Será por eso que un león triste llora sobre la tumba del poeta. Además, los medios de comunicación están muy ocupados con los asesinatos, la corrupción o sobre quién será el próximo que nos va a desgobernar. En los festivales de poesía los poetas nuestros tienen poco tiempo y espacio. Hacen falta políticas más decididas de apoyo a nuestra literatura. Hay algo de turismo en nuestras propuestas. Eso creo. Seguimos en fila, esperando nuestros turnos de bellos ofendidos. Es cierto, ya no hay guerrillas, pero ahí están los Roque Dalton, los Otto René Castillo, y los Leonel Rugama, esperando, hoy, a la justicia poética, como tantos y tantos, poetas vivos de hoy, ayer, y quizás, de mañana.

Centroamérica existe. Estamos tan cerca y tan lejos, y somos unos desconocidos de nosotros mismos. Queremos conocernos. Necesitamos conocernos. Nos buscamos. ¿Nos buscamos? Managua está, en avión, a escasos 50 minutos de Ciudad de Panamá, y parece un barrio nuestro, pobre y olvidado, a la orilla de una carretera sin luces. Y Panamá es un espejismo, una postal de compras Gucci. San José, fría, a la vuelta de la esquina. ¿En dónde quedan, Tegucigalpa, Ciudad de Guatemala, o San Salvador? Belice no existe, al menos en mi mapa. Hoy sé de Centroamérica, más de sus maras o de fútbol, que de la vida o la poesía, y gracias a la televisión. Hoy más que nunca necesitamos recuperar, inventar nuestra propia imagen, nuestra propia palabra y nuestra propia vida. Hacer lo que nos toca, desde el alma común. Desde la sangre, y desde la inteligencia. Centroamérica existe como un todo, y como una suma de partes, indivisibles. Armemos el rompecabezas, con todas sus partes, y colores, sin que nadie se quede por fuera.

Como esos quetzales que vuelan en la neblina del alba, echemos una vez más a volar nuestra imaginación, para que nuestra literatura se hermane más con la vida y sus designios de libertad, y llegue a ocupar, si no hoy, mañana, el sol, el sitio que le corresponde en las literaturas de nuestro planeta. Invito, pues, a compartir, con pasión, este descubrimiento de nosotros mismos a través de nuestra literatura, al vuelo del quetzal y el águila arpía, a través de las hermosas palabras sacrificadas en su justa y útil pirámide de piedra y cielo. Porque 20 minutos no son suficientes para indagar a Centroamérica y a su rica literatura, desde el Popol Vuh, siglos atrás, hasta hoy, en este nuestro Facebook por hacer.

15.12.08

CARTA DE FELICITACIÓN DE RAFAEL PERNETT Y MORALES A LILIANA KANT DEL INAC

-----Mensaje original-----
De: Rafael Pernett y Morales [mailto:rpernett@changuinola.com]
Enviado el: jueves, 11 de diciembre de 2008 12:40
Para: lkant@inac.gob.pa
Asunto: EL INDIO SIN OMBLIGO...listo!
Importancia: Alta

Licenciada Kant
He recibido a conformidad los ejemplares que me corresponden en virtud del premio Ricardo Miró 2007.

Quiero aprovechar este correo para felicitarla por la labor realizada. El libro quedó francamente bien, es legible y no contiene faltas de ortografía ni de sintaxis. En la portada, el sr Gabriel combinó bien los colores. Creo que valió la pena.

Sé que, en la confianza de que todos son eficientes, usted delegó la función de armar los ejemplares, y que, al momento de enfrentar los fallos que señalé, adoptó la actitud gerencial apropiada y su interés se vio reflejado en la excelencia de la publicación, por lo cual no me conformo con felicitarla sino agradecerle el entusiasmo con que acometió una tarea que culminó con el éxito.

Licenciada Kant, su supervisión fue fundamental y ahora sólo espero poder empezar a recibir los comentarios sobre la novela por parte de los lectores, una vez que la publicación ha sido completada.

Nuevamente gracias, y reciba mis deseos de éxito en todo lo que haga, tal como hizo con EL INDIO SIN OMBLIGO.

Rafael Pernett y Morales

13.9.08

CARTA ABIERTA AL INAC POR PÉSIMO TRABAJO DE EDICIÓN DEL PREMIO DE NOVELA "RICARDO MIRÓ" 2007

Changuinola, 08 de septiembre de 2008

De mi consideración,

Esta nota, mezcla de decepción y tristeza, la motivan las faltas reiteradas a la palabra dada y la falta de respeto que la institución que dirige se merece como difusora de la cultura nacional.

Me refiero al tratamiento brindado a mi novela EL INDIO SIN OMBLIGO, ganadora del Premio Ricardo Miró 2007, que paso a recopilar. Pero, es imperativo indicar que, por mi parte, cumplí a cabalidad con todas las especificaciones de las bases del concurso (tipo de papel, tipo de letra, número de páginas, márgenes, fechas, etc.).

En el mes de febrero de 2008, tras conversar con funcionarias del INAC, entregué personalmente un disco compacto (CD) con las posibles correcciones (ejemplo, una nota a pie de página la primera vez que aparecieran las siglas PTJ indicando que el organismo había cambiado a DIJ, situación que no se podía prever cuando cerraron las bases del concurso para el 2007). El documento iba en formato Word, OpenOffice y PDF, con el fin de facilitar la transferencia de datos a la hora de imprimir.

Cuando se me notificó la fecha de presentación del libro solicité una copia para mí y otra para el presentador del mismo. Se me contestó que, según las bases, no se podían entregar ejemplares antes que el Director General oficialmente las entregara. No encontré esa disposición en las bases. Total, que el presentador tuvo que presentar un libro que nunca había visto, y siempre le agradeceré haberlo hecho porque lo lógico es que no lo hiciera.

Lo que sí encontré en las bases es que el INAC se comprometía a editar mil (1000) ejemplares, de los cuales el 10% (cien libros) iban a ser para los autores. Sin embargo, se nos dijo, la noche del 02 de septiembre de 2008, que nos iban a dar diez (10) esa noche, que al día siguiente fuera a buscar otros 40 (cuarenta) y en dos semanas aproximadamente me entregarían los otros 50. Como si esa irresponsabilidad fuera poca, considerando que habían tenido un año para publicar los libros, los ejemplares tienen algo como esto:

Es decir, que no se hicieron los mil ejemplares. Además, yo nunca corregí ni revisé la edición porque la ví por primera vez la noche del 02 de septiembre. Es decir, la información no era correcta y el tiraje no era el que el INAC se había comprometido.

Pero eso no era todo. La portada es ésta:

Como puede ver, no tiene el nombre del autor por ninguna parte. En la solapa, en los datos biográficos, que fueron tomados de http://www.pa a pesar de que en el CD yo incluía la biografía, aparece un párrafo adicional, que se incluyó también en la página 253:

El currrículum no es mío. Lastimosamente, no escribo ni he escrito décimas en mi vida, ni he participado en tantos concursos como se enuncian ahí. En conversación con usted, quedamos en cambiar la biografía y colocar la que está en la página web de la Biblioteca Nacional, y eliminar la solapa del libro para no tener que volver a imprimir la portada… que permanecería sin el nombre del autor…

La página 11 (once) del ejemplar terminado corresponde a la primera página de la historia y está totalmente en blanco.

Simplemente, no se imprimió.

Igual sucedió con la página catorce (14), que es la escena final del primer capítulo. Sin estas dos páginas, es muy difícil entender la narración. Usted me prometió que, a más tardar, el día 05 de septiembre de 2008, iba a tener estas hojas impresas para incluirlas en el libro y aún no ha cumplido esa promesa.

Pero eso no es todo. A pesar de que escribieron que yo había revisado y corregido la obra, lo que hubiera sido cierto si ustedes hubieran utilizado el CD que les entregué personalmente, parece que no consideraron adecuada la corrección del autor y copiaron todo el texto del manuscrito presentado a concurso, modificando en muchas ocasiones el contenido, los significantes y los significados. Le incluyo un ejemplo. En la página 18 se lee:

La palabra tanatorio proviene del griego "tannatos" (muerte). Los personajes estaban en la morgue (depósito de cadáveres), no en un sanatorio, pues los difuntos no iban a curarse. Así que la puerta del tanatorio (no "sanatorio") era la que estaba abierta.

También se intentó modificar lo que había escrito, para darle, tal vez, corrección. Pero al hacerlo modificaron la entonación y musicalidad del lenguaje coloquial bocatoreño. Esa corrección fallida puede verse, como ejemplo, en la página 70:

En ningún momento del libro incluí apóstrofes. Y mucho menos "Pa`la presión". La versión original del libro (remedando la lengua vernácula) es "pal presión".

Pero el colmo de la corrección del INAC, casi coincidente con censura, fue cuando desaparecieron la frase Chiriqui Land company, cuyo espacio vacío encerré en un círculo en la página 153:

Considerando lo caro de la edición (cada ejemplar impreso nos costó a los contribuyentes alrededor de 50 dólares), el tratamiento que se le dio al libro fue exageradamente malo. Uno termina pensando que se hizo mal adrede. Es de sobra conocido que hacerlo bien ocupa el mismo tiempo que hacerlo mal, pero hacerlo mal es más caro. Sobre todo si se trata de la majestad del Premio Nacional de Literatura.

Yo fui al INAC y usted me prometió lo que no ha cumplido. Tampoco me entregaron los 40 libros que me iban a dar el 03 de septiembre porque no tenían en las oficinas y había que buscarlos en el Teatro Nacional y aparentemente quien debía abrir el teatro o quien debía entregar los libros no estaba. Simplemente, no me los dieron. A pesar de que les dije que viajaba esa misma noche. Me llamaron para confirmar la página web de la biblioteca nacional y nada más.

Total, que la decepción y la tristeza de ver la forma tan irresponsable, desmotivadora, precipitada, insultante y humillante para la Nación en que se convirtió lo que parecía ser un premio y terminó siendo algo innombrable.

Le solicito, primero, que cumpla lo que dicen las bases y me entregue las 90 (noventa) novelas restantes que no he recibido.

Segundo, que me haga llegar las páginas 11 y 14 debidamente impresas.

Tercero, elimine las solapas de los 990 libros que faltan (recuerde que las bases del Miró dicen mil ejemplares y no 500).

Cuarto, a pesar de que para el próximo Miró habrá cambiado el gobierno, siempre es bueno tratar de hacer las cosas bien, cuidar los detalles, verificar que no haya errores y, sobre todo, tener la buena voluntad de quedar bien y no confeccionar libros a la ligera, sin preocuparse de la presentación del mismo, obligando a los participantes, por ejemplo, a utilizar letra Times new roman de 12 pts y luego ustedes imprimen en arial, con lo que hacen más difícil la lectura.

Porque lo que bien está, bien parece.

Atentamente,

Dr. Rafael Pernett y Morales
Ced 3-55-645
rpernett@changuinola.com


Más información en la página del autor [[AQUÍ]].


13.6.08

PRESENTACIÓN DEL LIBRO COLECTIVO "TALLER DE ESCAPISTAS" POR EDILBERTO "SONGO" GONZÁLEZ TREJOS

Foto 1: Miembros del Taller de Escapistas dirigido por Carlos Oriel Wynter Melo

Carlos y amigos escapistas, que así les llamaré en adelante, hemos discutido claro que sí, sobre el para qué se escribe y porqué se hacen los talleres. Carlos, nos proporcionas respuestas y razones válidas en tu prólogo a esta obra, hija de muchos padres y madres, ahijada de muchos padrinos y madrinas, el "parto compartido" a que te refieres.

W.G. Sebald se pregunta "¿Para qué sirve la literatura?" y se responde,
Quizá sólo para ayudarnos a recordar, y enseñarnos a comprender que algunas extrañas conexiones no pueden explicarse por la lógica causal...

Y agrega que,
Hay muchas formas de escritura; sólo en la literatura, sin embargo, puede haber un intento de restitución que vaya más allá del mero recitado de los hechos, más allá de la erudición.

Elena Bisso
, docente y psicológa argentina, nos dice que,
Para aproximarnos a una definición podemos pensar al taller literario como un campo complejo de espacios superpuestos, resistente a las planificaciones temáticas, donde al aprendizaje y al trabajo los timonea la más pura pasión por la palabra.

Y así las palabras de Carlos, en las que funda y basa la creación de talleres para facilitar el crecimiento interior y para no perder aquella naturaleza de búsqueda, ahogados entre deberes y la "maldición de Caín" adquieren mayor fuerza y sentido.

Es así como en este libro he hallado gente con multitud de profesiones pero una vocación común, la literatura, el contar historias y porqué no, el Taller de Escapistas, estos son los espacios superpuestos, resistentes a la planificación temática, guiados por su pasión pura, sí, pura pasión por la palabra, aprenden y trabajan bajo el timonel de la pasión, y el éxito de este Taller es que quien dicta el mismo es el mayor apasionado.

Foto 2: Silvia Fernández-Risco habla en representación de los estudiantes del taller, autores del libro. En la mesa, Lili Mendoza, Edilberto "Songo" González Trejos y Carlos Oriel Wynter Melo.

Hombres y mujeres de todas las edades, con sensibilidades diferentes, convergentes, de muchas partes del Mundo, suman cada uno su toque personal a este libro compartido, en el espíritu grupal de trabajo en grupo —valga la redundancia— que ha permeado gran parte de este nuevo siglo en la literatura panameña.

A muchos de ustedes los conozco personalmente hace rato, a otros quizá de otros mundos, el contacto con el papel, la tinta y sus historias, me hizo sentir que los conocía desde siempre, del Criminal, El jardinero, La virgen del librero, El hijo de saturno hasta esa Compañía nocturna, pasando por esas novias de blanco de nuestras noches, los semáforos que se multiplican de día, un San Antonio puesto de cabeza, y aquel 4 X 4 imponente, todos en pos de la voz, muchos de ellos acabados con maestría, con una búsqueda que sé los puede llevar a buen puerto.

Foto 3: Edilberto "Songo" González Trejos y Carlos Oriel Wynter Melo.

Una de nuestras escapistas, Lissete Lanuza ya lo ha escrito en el epílogo de esta publicación colectiva, cuasi alma grupal:
Nueve escritores, nueve mundos. Y no es solo una metáfora. Nueve personas completamente diferentes, unidad por un deseo común: escribir. Me atrevo a decir que nueve maneras de ver la vida, nueve maneras que se recogen en estas páginas. Nueve visiones encauzadas por una más abarcadora: la literatura.

Parafraseando a Lissete, amigos, ustedes tenían historias, ahora tienen cuentos. Tenían ganas y ahora tienen material. Querían ser y ahora ya comienzan el arduo camino del ser.

Sabul, Hjalmar, Silvia, Yolanda, Daniella, Jairo, Dairo, Eduardo, Lissete, déjenme agregarles, ahora todos tenemos sus historias, nos alimentamos de su material, y de su seidad, nadie tiene duda, el camino está en frente de Ustedes para que lo trillen.

3.6.08

PALABRAS DE MAGDALENA CAMARGO LEMIESZEK EN LA CEREMONIA DE PREMIACIÓN DEL CONCURSO "GUSTAVO BATISTA CEDEÑO" 2008

Ella se desnuda en el paraíso
de su memoria
ella desconoce el feroz destino
de sus visiones
ella tiene miedo de no saber nombrar
lo que no existe

—Alejandra Pizarnik, Arbol de Diana.

Para mí es un honor encontrarme esta noche, aquí, con ustedes. Antes que nada deseo expresar mi agradecimiento al Instituto Nacional de Cultura, los organizadores del Concurso Gustavo Batista Cedeño, por su legítimo esfuerzo de promover a los poetas jóvenes, a los relevos de nuestras letras, a los que no han podido ser publicados, a este nuevo aliento que nos reitera que en Panamá sí hay literatura. También quisiera agradecer a los jurados del concurso: José Córdova, José Luis Rodríguez Pittí y Alex Mariscal, por ofrendar su tiempo y su experiencia y aceptar la ardua labor de calificar este año las obras participantes. Agradezco con todo mi corazón a esa persona a la que le debo estar aquí esta noche, ese alguien que creyó, antes que nadie, incluso antes que yo misma, que yo no podía hacer otra cosa con mi vida que no fuese escribir. Gracias Pacifico. También me siento profundamente agradecida con los poetas Héctor Collado y Katia Chiari, por su tiempo, por la mano que me tendieron desinteresadamente, por sus consejos y por ese empujón que me hizo participar en el concurso. Gracias a Marco Ponce por su apoyo y recomendaciones, además de las horas que me regaló. No puedo dejar pasar la oportunidad de extender mis felicitaciones al ganador de la Mención de Honor, Adalcristo Guevara, por su poemario Meditaciones desde el vergel.

Recibir un premio de esta magnitud es, para un poeta joven, una puerta que se abre. Yo estoy frente a ustedes, sobrecogida, maravillada, delante de un telón que se corre y me muestra el escenario de la literatura panameña. Este primer paso es algo tan grande para mí, que tiemblo. Es, además de una satisfacción desbordante, una responsabilidad, al igual que lo es publicar un libro. Es también desnudarse un poco, frente a los otros, y eso obviamente da algo de miedo. Pero he creído siempre que una de las maravillas de la poesía es justo ese momento preciso donde deja de ser mi poesía y se vuelve de otros.

Quisiera esta noche permitirme la insolencia de hablarles, con la edad que tengo, de la poesía y del ejercicio de escribir. Considero que, al contrario de lo que mucha gente cree, la poesía y la literatura no se limitan únicamente a la inspiración. Esa inspiración que es generalmente descrita como algo místico, divino, ajeno, de algún modo, al hombre, al poeta. En Ion, Platón nos habla de que son las voces de los dioses las que dictan poesía, por medio de las musas, a los poetas. Los surrealistas hablan de una suerte de escritura automática, proveniente desde el subconciente y que se lleva a cabo, en ocasiones, en un estado de trance. Para tomar un ejemplo de nuestro patio me gustaría citar al escritor panameño Carlos Oriel Wynter Melo:

“…escribir es, antes que nada, atrapar anguilas o peces dorados en las profundidades de la memoria, en la corriente del sueño…Lo que trato de decir es que la literatura no es su forma y que lo que me hace escritor no son mis garabatos en un papel. Esas son las manifestaciones inevitables de sueños premonitorios y esos sueños premonitorios son la literatura.”

Así nos encontramos con impulsos, musas, dictámenes divinos, sueños premonitorios, inconciencia, estados de trance…o voces. Estas son partes del misterio, casi religioso, de la poesía. Es la parte primitiva, medular, el plano esencial de escribir. Quién no ha sentido, así de pronto, una violenta marejada de palabras inundándolo todo. No queda más que escribir entonces, o escribir o ahogarse. Pero escribir, no sólo poesía, es un oficio arduo que se extiende más allá de esos signos que nos inundan y no nos sueltan hasta que no nos vaciemos de ellos, ya sea en un papel, en una servilleta, en un computador, en lo que podamos. Está también el rostro indispensable de la escritura como disciplina: la revisión, la depuración, el compartir con otros, el tallerear, como coloquialmente decimos.

A mi parecer, no puede faltar el ejercicio constante con el lenguaje. Así como el deportista entrena el cuerpo, calienta los músculos, se mantiene en forma; el escritor explora sus habilidades, juega con las palabras, construye figuras, amplía los límites de los significados. Hay que lanzarse, más allá del cansancio, a develar los territorios infinitos de la palabra.

La palabra es, para mí, una montaña alta, alta…tan alta que no alcanzamos a ver su cima. Es un mar tan hondo, tan grande, que no puedo imaginar donde acaba. Es una quimera que tantos escritores han intentado domar tratando de alcanzar la perfección. Sus posibilidades son infinitas, con su curiosa arbitrariedad, se arropa de percepciones que le otorgan distintos significados. Salta de una boca a otra según las connotaciones, las circunstancias…o la poesía.

Así, me atrevo a afirmar que escribir está lejos de limitarse a la inspiración, es muchísimas cosas más. Eso es lo que yo creo, por lo menos. Aunque por supuesto, además de construirse sobre el pilar del oficio, es un compromiso que asumimos con eso que para algunos es una vocación, un sueño, un destino, una pasión, una ventana, un paraíso…y no puedo evitar pensar en Gustavo Batista Cedeño… Esto para algunos es, quizás, un áncora.

En cuanto al culpable que nos tiene reunidos esta noche, producto también del inspirarse y del oficio, y cuyo nombre es Malos hábitos… ¿Quién no tiene malos hábitos? Algunos se morderán las uñas, dejarán la ropa tirada, saldrán de la regadera con los pies mojados… o bien han de enamorarse fácil y profundamente, o les gustará hilvanar la telaraña de la conciencia hasta perderse, o aventarse a la soledad y a la melancolía como quien se avienta al frío.

Me han preguntado varias personas cual es el tema de Malos hábitos. Me gustaría ser cuidadosa a la hora de responder esa pregunta. A veces explicar demasiado estas cosas puede ser incluso peor que explicar un chiste. Es, de algún modo, privar al lector de la oportunidad de asumir el poemario como suyo. Hay muchas cosas encriptadas en el lenguaje de Malos hábitos, incluso en su nombre. Pero esos son los maravillosos cofres de las figuras literarias y la semántica, guardamos ahí mensajes, secretos y recuerdos. Claro, con gusto podría hablarles técnicamente como está construido Malos hábitos. Como poemario se funden en él tres hábitos primordiales. El hábito del amor, que es entregarse sin reserva alguna. El hábito del espejo, que es enfrentarse al proceso creativo y hundirse en un viaje de auto descubrimiento. Y por último el hábito oscuro, que envuelve la melancolía, la soledad y una especie de tambalearse al borde de un abismo mientras uno está roto.

Me preguntaron también cuánto tiempo tomó escribirlo. Los Malos hábitos abarcan un periodo de alrededor de 5 años, hay poemas que fueron escritos realmente hace mucho. Además yo no me había atrevido a construir un poemario hasta hace dos años, porque para construir un poemario es necesario armar un conjunto coherente, constante y con cuerpo. Hubo que dejarlo reposar, darle vuelta varias veces, escuchar la opinión de gente con mucha más experiencia. Creo que es importantísimo no dejar de aprender nunca, hay que escuchar siempre con atención crítica la opinión del que sabe más, uno nunca puede dejar de ser buen alumno. Uno necesita la mirada objetiva del otro, después de todo ¿Qué padre es capaz de ver los defectos de sus hijos?

Me he encontrado también con gente que me pregunta ¿Qué significa este poema? Como dije antes, busco que la gente pueda encontrar algo de ellos mismos en mis versos. Busco que mi poesía deje de pertenecerme cuando la lee otro. Busco que el lector la asuma como suya. No se trata de descifrar en qué pensaba el autor cuando escribía un poema. Para mí un poema puede no significar nada para quien lo lee, y está bien. Para otro puede significar un recuerdo, un momento, una sensación, que a su vez pueden ser distintos a los míos cuando escribí el poema. Y lo mágico de la poesía es que asume tantos rostros según quien la lee, tantos significados distintos amoldados a experiencias vitales diferentes. La poesía es un ser vivo al que le gusta transformarse, hacerse la difícil como una mujer quisquillosa, o desvestirse entera ante un guiño de ojos.

La poesía es muchas cosas. Es un destino como decían los surrealistas. Es quizás también un retrato. Pero creo que también es un espejo que espera reflejar a quien se mira en él. Creo que el clímax vital —y la diminuta muerte— de la poesía se cumple cuando el lector puede identificarse en ella.

Para mí este poemario es como un pájaro nacido en mi pecho y que he arrojado al viento. No sé a que ventanales irá a parar, o en quienes construirá su nido. Pero les invito, humildemente, a contagiarse de estos Malos hábitos y a cruzar el umbral de sus palabras para que se convierta en la cuerda que les ate a la vida, la raíz del amor encarnada en el pecho, o bien la puerta de los que escogieron ser libres.


(Palabras de Magdalena Camargo Lemieszek al recibir el premio obtenido en el Concurso "Gustavo Batista Cedeño" 2008. Publicado por primera vez en http://madziagesth.wordpress.com. Fotos de José Luis Rodríguez Pittí)

27.3.08

ENCONTRARÁS... A LA MUJER.

Por Gorka Lasa Tribaldos

Reflexiones sobre el poemario de Sofía Santim, "Encontrarás..." (UTP, Panamá, 2006).

Solo quiero compartir aquello que generó la experiencia de leer el hermoso libro de poemas "Encontrarás..." (UTP, Panamá, 2006) de Sofía Santim. La grata travesía de momentos y visiones fueron, en primer término, la atmósfera que dio cohesión a una lectura más profunda. Los harmónicos dilatados de una poesía cristalina y comprometida con la natural estética de lo vital. Pasajes secretos a un recóndito valle del alma.

Encontré en los versos la añoranza de un ideal que latía más allá de las palabras. Un viaje hacia la madurez de los sueños, la inevitable sacudida del espíritu. Es claro el aprendizaje del camino recorrido y la emancipación tímida de lo que florece y se descubre en el dolor de una tierra de alegrías y metáforas.

Algunos de los caminos que proyecta este libro de ambrosías, son senderos espontáneos y lúdicos, periplos oníricos y metafóricos emanados de una danza de ligereza y delicadeza. Compasión y receptividad, luminosidades e intuición, huellas inequívocas de una feminidad progresiva y evolucionada.

Fue casi como un suspiro, algo poderosamente simple y a la vez profundo, navegaba por estas páginas de delicias y fiebres. Sueños y temores adornados con guirnaldas y perfumes que solo el espíritu femenino, en su más profunda emanación, es capaz de plasmar con la belleza y empeño de una pequeña hada de maravillas.
Voy a conocerme de una vez por todas.

(Únicos)

Hay algo medicinal en la poesía de Sofía, una reflexión limpia y equilibrada genera un dialogo auto curativo. Versos tónicos, vibran en sus poemas, la sentencia definitiva de un alma en búsqueda constante que se define con balance y ternura sobre sus primeras heridas.
Respiramos en el viento, sobre lo que dicta la aurora, desprotegidos, sin armaduras, sin mentiras.

(Nosotros los del alma al aire)

Pasaron algunos años desde que tuve el honor de conocer a Sofía y sus escritos. De la niña tímida que recordara entonces, ahora es la mujer que maduró en su sensibilidad poética. Poetisa que esgrime la pluma de una juventud iluminada, desenfadada y libre. Plena del crecimiento nutricio de la aventura y la magia esencial de un nuevo arte.

Secuencias de candidez e ilusión salpican su prosa, lo cual revela que algunos cristales todavía no se han roto. Su poesía flota sobre la dulzura de un tiempo no definido. Creatividad y amor en reserva. Creo pensar que todavía esta ausente la gran sacudida, el estremecimiento final. Aquel que dará término a la entonación deliciosa de Caliope para dar pasó a la poderosa voz creadora de la mujer poeta.
Mi joven cuerpo, de joven mente, lleva angustia milenaria de ropajes impúberes.

(Ropajes impúberes)

Es difícil no caer cautivo en los versos de esta poeta del alma al aire, y lo confieso, he pasado algunos días leyendo y extraviado, en el abandono, la comisura de su sonrisa donde hace algún tiempo habita la palabra reencontrada. Sus poemas llaman a definir un espacio de caminos que todavía están abiertos al irreducible viento modelador de existencias, el destino.

Qué destellos de vida se confunden en los atardeceres del sentido mientras nos anuncian un vacío de inmovilidad y ropajes impúberes, sobre la conciencia de una realización solitaria.
No hay espacio en esta tierra para llorarle al verano.

(Vamos corcel blanco)

Puedo sentir muchas cosas más allá de los versos, y es luminosa la visión de lo preexhibido. Las imágenes están limpias y los días son luminosos en el devenir de su encontrada palabra. La escritora habla consigo misma y este dialogo lleva la huella de lo que arde en transformación, gestación y camino.
Esta vez yo iluminaré los mares, el viento, para ejecutar mi ultima danza; Y mostrarte lo que estuvo Y siempre ha de estar.

(Desnuda)

Su prosa tiene la soltura de lo que fue escrito in situ y su sensibilidad es todavía reticente a la entrega absoluta. Quisiera pensar que todavía se debate en el peso de una razón que los lectores desconocemos, y es esta duda la que define el camino de una poesía liquida y en constante fluir. Comprometida pero trashumante hacia la consecución de un sueño que solo vislumbramos.
Clavo tres estacas para delimitar mis pasos. El mapamundi soy yo, quien diga lo contrario no ha salido a recorrer el mundo.

(Estoy en guerra con la vida)

En el libro "Encontraras..." de Sofía Santim, podemos habitar la transición de una prosa reveladora y compenetrada con su existir, lúcida y balsámica, que insufla vida en los espacios de una cosmovisión de lo femenino.

Refrescante fue para mi aridez, la lectura de los poemas, encontré la tersura de un camino más germinal, botánico si se quiere, casi como la poderosa fuerza de una naturaleza sutil. Así como sin esfuerzo llega la primavera y florece. Así igualmente germinan sus palabras, sin esfuerzo, sin siquiera proponérselo.

Ha sido un placer encontrar en su libro las inequívocas variaciones de una tonada vital, la inigualable e indescriptible sensación de aquello que es más arte que materia, más poesía. Más mujer.

11.2.08

UN LIBRO ES UN ESPEJO; UN ESPEJO ES COMO UN LIBRO.

De izquierda a derecha: Enrique Jaramillo Levi, Andrés Villa, Rubén Blades, Juan Antonio Gómez y Ariel Barría Alvarado.

Por Ariel Barría Alvarado

Presentación de la novela "La nueve", de Andrés Villa,
en la Universidad Latina el 16 de enero de 2008.

La literatura en general, y la panameña en particular, procuran ser canales comunicativos por medio de los cuales se expresen o interpreten los diversos elementos que nos constituyen como personas o como sociedad.

En efecto, algunas veces la narrativa, el ensayo, la poesía, tienden a darnos un vistazo del interior del ser humano, de lo que pasa en su espíritu cuando la alegría, la tristeza, el miedo o cualesquier otras emociones lo sacuden por dentro. En otras ocasiones, los libros literarios enfocan su proceso creativo en la sociedad, en sus abarcadores fenómenos que muchas veces no comprendemos porque nos falta el necesario distanciamiento de ellos, y debemos esperar que otras voces, otras mentes analicen con mayor objetividad lo que vivimos nosotros.

Así es. Hoy resulta relativamente fácil criticar o respaldar lo que hicieron los conquistadores españoles en América, o lo que hicieron para defenderse los indígenas americanos, porque tenemos el tiempo de nuestro lado. Igual podríamos decir con respecto a los próceres de nuestra Patria, pues ahora es factible saber qué hicieron bien y qué hicieron mal, porque ya pasan de un siglo esos hechos y hemos visto los resultados, buenos o malos, de su decisión.

Lo difícil es repicar y caminar la procesión, es decir, vivir una época, comprenderla en su plenitud y ser acertados en nuestros juicios. Lo mejor que podemos hacer es elaborar teorías más o menos fundamentadas y atenernos a las consecuencias.

Algo de eso ha hecho nuestro amigo Andrés Antonio Villa Ortega, o simplemente “Villa”, al proponernos una serie de interrogantes con su novela “La nueve”, escrita por él como una forma de encauzar su afán por entender mejor a la sociedad en que le toca vivir, asediada desde diversos flancos por un sinfín de problemas que parecen ahogarla de modo irremediable.

Y es verdad, este año 2008 que se inicia pinta una nube de desconfianza en el ánimo de los panameños, desconfianza que un medio hace poco malinterpretó como “pesimismo”, cuando lo correcto es entender que no se puede ser ciego, sordo y mudo ante el complejo y amenazador panorama inducido por un sistema de signos económicos, políticos y sociales que significan en todo momento un desmejoramiento en nuestra calidad de vida, y que nos obligan a buscar salidas prontas y efectivas si queremos mantener algo de esa ya muy deteriorada vida de calidad.

La novela que nos ocupa tiene que ver apenas con un aspecto de ese conjunto de amenazas que hoy nos cierne: la delincuencia juvenil, el pandillerismo en particular. Este es un problema de suma actualidad; ayer en la mañana, en un programa matutino de debates, un vocero oficial informaba que en el último año se ha registrado un incremento de los delitos cometidos por menores de edad que emplean armas de fuego, en particular los relacionados con homicidios, robos y heridos, los que a su vez se deben, según el vocero, al trasiego de drogas por nuestro país y al aumento de la intolerancia social.
Hay que añadir que esta intolerancia va desde agresiones domésticas hasta riñas tumultuarias en torneos deportivos que antes eran ajenos a esas manifestaciones, como es el caso del actual campeonato de béisbol juvenil.

A todo esto se añadía en ese programa que el promedio de edad de los casi 11 mil reos que tienen las cárceles panameñas es de 30 años, y que la edad en la que suelen cometer sus primeros delitos esos internos es la de 12 años, lo que motiva que en los programas de noticias de la televisión y en la mayoría de la prensa escrita aparezcan detenidos cada vez más jóvenes

Lo que hace Andrés Villa, luego entonces, es meterse en un problema social contemporáneo, y a modo de una crónica periodística ofrecernos los hechos descarnados, con muy poco tratamiento retórico, para que el lector pueda tentar, aunque desde lejos, lo crudo de este panorama en que crecen y se desenvuelven esos jóvenes que, al igual que Dumbo, El Fulo, Calitín, Roberto o cualquiera de los protagonistas de la obra, hallan precario cobijo en los maltrechos habitáculos que no alcanzan a ser hogares.

En estas páginas uno encuentra los elementos que son consustanciales con ese modo de vida del pandillero, desde el inicio ritual en las bandas, hasta el tráfico y consumo de drogas, el robo, el homicidio, las persecuciones, el miedo permanente, el sicariato, y más de una escena que deja lugar a la posibilidad de un amor como al que aspira todo el mundo, pero negado aquí por los hechos que nublan la vida de los personajes.

Como fondo de este panorama está la jerga gangsteril, el verbo apresurado, escaso, defectuoso, martillador de los delincuentes, quizás como síntoma de que en ese mundo oscuro lo que menos se necesitan son palabras.

Debo hacer hincapié en un personaje de la obra, un poco atípico por tratarse no de un ser de carne y hueso, sino de un objeto; se trata, precisamente, de “La nueve”, expresión elíptica que sirve a la vez de título a la obra, refiriéndose a la denominación popular de un arma, la pistola cuyo calibre es de 9 milímetros, preferida por los que usan armas por su carácter compacto, por la rápida sucesión de tiros, su potencia y su confiabilidad.

En este punto viene a mi memoria aquel incidente histórico inmortalizado por Shakespeare, en el que el rey inglés Ricardo III, al verse derribado de su montura en medio de la batalla de Bosworth, en 1485, sabiendo que en un campo de batalla de aquel entonces perder la montura era perder la vida, ofreció a voz en cuello: “¡Un caballo, un caballo! ¡Mi reino por un caballo!”. Mucho han cambiado los tiempos, ya nadie pediría un caballo para ir a combatir en una batalla moderna, y en cambio sí se ofrecen reinos enteros por un arma convencional o no convencional que, cual caballo de hoy, signifique la superioridad en ese campo.

En el bajo mundo se produce esta misma relación de valores, y Andrés Villa nos lo revela desde el primer párrafo, a través de sus descripciones sobre al apego y la fascinación que para los pandilleros significaba esa arma en la que ellos veían su seguridad y su propia eficacia a la hora de actuar contra la ley, un arma por la que estaban dispuestos a pagar con su vida, como se advierte en la página 75, cuando Dumbo expresa. “Primero me matan antes que dejá mi nueve”.
De igual manera, la pistola, “La nueve”, juega un papel crucial en las últimas páginas de la novela, como modo de cerrar un círculo de violencia que comparte espacio con un tenue rayo de esperanza que acomoda allí el autor como diciéndonos que quizás no todo esté perdido.

Finalizo señalando que Andrés Villa no nos entrega un libro sobre cómo manejar el problema de la delincuencia juvenil, pues a fin de cuentas la literatura no tiene ese propósito. Lo que él ha hecho aquí es entregarnos un espejo de 111 páginas para que logremos ver un segmento muy corto de la extensa línea ominosa que en este mismo momento da vueltas alrededor de nosotros, con la amenaza de ahogarnos. ¿Y que se hace con un espejo? Esa es decisión del lector: puede ver su propio rostro, o puede ver lo que se acerca a él, a sus espaldas.

16.1.08

SEIS ESCRITORES PANAMEÑOS PREMATURAMENTE FALLECIDOS

Por Enrique Jaramillo Levi

Los escritores panameños, como cualquier artista que se respete, vivimos alimentando nuestros sueños. Sueños que nacen de la vida que vivimos y de la que quisiéramos vivir, pero también de nuestros deseos de conjurar la parte oscura de la experiencia humana y las injusticias que mantienen en jaque a la sociedad. Soñar y querer expresar esos sueños es la única forma auténtica de estar en el mundo siendo novelista, cuentista, poeta o dramaturgo. Pero eso ocurre, paradójicamente, porque sabemos que no basta con soñar: es necesario materializar en obras concretas lo imaginado, o al menos desarrollar una indeclinable lucha permanente por lograrlo. Y, en la práctica, esto sólo se logra escribiendo, creando. No conozco otra forma.

Aunque obviamente también es necesario ir viviendo las experiencias que se presentan en el camino o las que nosotros mismos nos forjamos, leer en abundancia y con rigor para templar el conocimiento y dedicarle tiempo a reflexionar sobre ambas cosas y sobre lo que nos gustaría escribir, no cabe duda que el acto mismo de la creación, y sus resultados, son a fin de cuentas la meta principal. Una meta que debe irse extendiendo, renovando, enriqueciendo con nuevas obras mientras haya vida. Pero una cosa es lo que idealmente debería ser —ocurrir—, y otra muy distinta lo que a veces sucede.

Sin duda, algunos escritores perseveran en su vocación, la vida los favorece, y poco a poco con sus obras se dan a conocer. Sin embargo, hay autores de gran talento que, por diversas razones, jamás despegan. Otros lo hacen tardíamente, bien o mal, y esforzadamente siguen adelante. También hay muchos que publican algo meritorio y luego, inexplicablemente para quien mira desde afuera, se quedan en el camino: simplemente no vuelven a escribir (o por lo menos a publicar). Por supuesto, si nos ponemos a hurgar, hay todo tipo de explicaciones. Por ejemplo, existen causas de fuerza mayor que impiden que un buen escritor surja tarde o temprano como tal: problemas familiares, económicos, de salud, la muerte misma (que siempre llega a deshora). También la insatisfacción con uno mismo, la inseguridad, el temor.

Así como en Panamá se ha dado en años recientes una impresionante eclosión de nuevos autores de muy diversas edades y tendencias —sobre todo cuentistas—, también hemos tenido casos de muertes prematuras de escritores talentosos que, personalmente, he lamentado mucho: por su calidad humana, por su incuestionable honestidad y talento artístico, por los méritos que su sensibilidad y oficio literario auguraban a futuros libros suyos. En estas virtudes coincidían todos, aunque fueran ideológicamente muy diversos entre sí. Pienso, en concreto, en siete escritores fallecidos en los últimos años: Rafael De León-Jones (1969-2001); Víctor Rodríguez Sagel (1949-2002), Herasto Reyes (1952-2005), Manuel Salvador Álvarez (1935-2006), Mireya Hernández (1942-2007), Cáncer Ortega Santizo (1950-2007) y Juan Carlos Voloj Pereira (1942-2007).

Como siempre que muere un ser humano, pero muy particularmente cuando fallece un escritor, la salida de escena de cada uno de estos colegas me perturbó bastante en su momento, sobre todo porque coincidieron todas en ser desapariciones inesperadas y, además, sumamente prematuras. Por eso, estas reflexiones que ahora hago son un sencillo tributo a su memoria. Fundamentalmente narradores —cuentistas los cinco primeros; poeta, dramaturga y novelista la sexta (Mireya Hernández, periodista de profesión, la más versátil); y novelista el séptimo—, vale la pena señalar que el que murió más joven y el único que publicó un solo libro fue Rafael De León-Jones: "Catálogo de claroscuros" (2000), impresionante despliegue de historias ásperas y a rato desgarradoras, en las que el poder del sinsentido y de lo grotesco cotidiano alcanzan rango artístico (para mi gran satisfacción, Rafael se forjó como cuentista en uno de mis talleres literarios, además de que fui el editor de su único libro). No me cabe la menor duda de que este autor sería hoy un gran cuentista. Este mes se cumplen seis años de su muerte.

Las obras de estos autores panameños prematuramente apartados de la vida, pueden leerse, sobre todo, acudiendo a las facilidades que ofrece la Biblioteca Nacional "Ernesto J. Castillero R." Por desgracia, sólo una que otra novela de Voloj Pereira, y "Encuentros fugaces", el casi póstumo segundo libro de cuentos de Ortega Santizo (publicado pocos meses antes de su muerte), pueden conseguirse todavía en alguna librería local. Se trata de escritores cuyas obras habría que recuperar. Menciono algunos libros destacados de los otros seis escritores: "La madrugada es un gato furtivo" (1992), colección de cuentos de Víctor Rodríguez Sagel; "Cuentos de la vida" (1984) y "Cuentos en la noche del mar" (1988), únicos dos libros de cuentos del periodista del diario La Prensa, Herasto Reyes; "La cabeza del cangrejo" (1992) y la ya mencionada "Encuentros fugaces", únicos dos libros de cuentos de Cáncer Ortega Santizo; "En el segundo día…" (1990) y "La pálida aurora" (1992), únicos dos libros de cuentos de Manuel Salvador Álvarez; y las novelas "Aprendiendo a vivir, aprendiendo a morir" (1990), "Amor de hermanos" (2001), "La gran rebelión" —dos tomos— (2002) y "Como lo dijo la gitana" (2003), entre otras de Juan Carlos Voloj Pereira.

En todo caso, afirmo que en los libros de estos escritores, de diversas maneras, se ausculta a fondo una amplia gama de manifestaciones de la condición humana. Son obras de una gran dignidad estética que, en vida de sus autores, lamentablemente no fueron valoradas en su justa medida. En algunos casos, apenas si fueron conocidas fuera del círculo familiar y de las amistades (es el caso del veraguense Manuel Salvador Álvarez, por ejemplo). Cada uno de estos escritores, así como sus libros —insisto—merecen ser rescatados del olvido, estudiados, divulgados. Es labor de críticos, investigadores e historiadores literarios, y eventualmente también de lectores sensibles que aprecian la buena literatura nacional.

En realidad, son muchísimas (más de las que podría uno imaginar) las obras literarias de excelente calidad que durante el siglo xx y los siete años que van del xxi han escrito autores panameños que casi nadie en nuestro país ha leído debido a la tradicional indolencia intelectual de nuestra ideosincracia.